22 de marzo de 2009

La trampa del gel azul (Avene no mola.)

Vaya tela los de Avéne: se creen el ombligo y epicentro de la parafarmacia francesa. Parece que no existe más agua termal que la suya, más protectores solares que su famosa emulsión spf 50 oil free ni más maquillaje hipoalergénico que el dichoso Couvrance. Por eso me cargan, me aburren y me fastidian. Y tengo razones subjetivas y motivos objetivos para pensar así, con irracionalidad científica, ya que: 1) detesto el hecho de que en ciertos locales nos lo intenten colar a toda costa, y 2) es cierto y real que sus cremitas a mí no me funcionan ni me han funcionado nunca, de hecho son culpables de varias catástrofes epidérmicas. Pero comenzaré con el primero de los cargos. Una farmacia es un establecimiento de salud pública, regentado por un licenciado en farmacia, es decir, o sea, un universitario con formación crítica. Ja. En algunos casos esto es así, no lo niego, pero a veces resulta desolador entrar en la pulcra botica preguntando por algo muy concreto, y que sin siquiera mirarte a la cara te digan muy ufanos uy, lo mejor para eso es Diroseal de Avéne. Señora, acabo de decirle que odio las pastucias verdes, que no quiero una textura densa sino más bien en gel, que... Sí, sí, pero es que para lo que tú tienes (¿holaaaaa?), lo mejor es esto. Y no hay más. Con dos pelotas de ping pong, por mis pistolas te llevas el Diroseal, el Hydrance legere y por supuesto el gel azul que es la leche en bote, digo el gel en bote. Y si con incauta inocencia le das pie a la farmacéutica de turno, ella te organizará la rutina de belleza, la dieta ideal y hasta la boda en el juzgado. Suspicacias aparte, lo peor de todo es el segundo cargo, o sea, que nada de lo que intentan meterme por las narices como si fuera el ungüento amarillo me ha venido bien. Bueno, sí, el agua termal no es mala, pero o yo estoy delirando ya o huele a quemado y sabe salada, mientras otras aguas termales son verdaderamente neutras. Yo creo que el auténtico problema está en que hacen cremitas sólo para pieles muy muy grasas o muy muy secas, por lo que sus productos te pelan la piel o te la cubren de granos. Todas sus hidratantes me han parecido densas y pastosas, comenzando por el inefable Diroseal. Lo de la emulsión cincuenta es ya de broma: deja la cara tan pringosa y blanquecina que al final acabas gritándole al sol "tomad la plaza, matad a mi hijo, pero dejad de embadurnarme la piel con betún blanco." Vale, los fotoprotectores de Avéne son muy eficaces: pero no son los únicos. Tenemos el genial Anthelios de La Roche Posay, en fluido extremo o en gel, mucho más discretito o sea. Y si como a mí te pirran las hidratantes ligeras en formato gel, tienes el hidragel de Carla Royo Vilanova o en la misma farmacia la nueva Glacier essence, de Sensilis. Los maquillajes Couvrance son una de las torturas estéticas más refinadas de la farmacopea moderna. A ver si alguien puede resolverme el enigma: vienen en una polverita muy mona con espejito y esponjilla, y dos texturas: normal y oil free. La normal es tan untuosa que parece nocilla de color carne, y la oil free es tan seca que hay que arañarla con las uñas. Con la una brillas cual árbol de navidad y la otra no se extiende bien. Y los correctores en barra y pincel tienen el mineral oil como primer ingrediente, con dos bemoles. Pero nunca mais, ya lo he aprendido. Ahora, si busco un buen maquillaje de farmacia, tengo dos opciones: Dermablend de Vichy si tengo algo que ocultar, o sea, el Radiance skin de Sensilis si busco un acabado satinadito. Y las dos son buenísimas para la piel, como Dior manda. Pero lo peor, peor, peor es el gel azul. Cleanance se llama, lo sé porque le he sido fiel durante varios años. Cunde mucho, huele tan bien, a limpio, y tiene esa textura en gel y ese color azul tan bonito que... ¿cómo va a ser él el culpable de que, junto a un par de granos sempiternos, bailen en tu piel con perfecta connivencia las escamas, los picores y las tiranteces? Tanta fidelidad casi me arruina el cutis, te lo juro por un canguro. Derretida y sofocada acabé. Gracias al cielo se me terminó el bote y decidí darle una oportunidad al maravilloso gel de té blanco de Korres. Queda claro, osssssssssssssea: Avéne no mola. Avéne no mola nada.