25 de noviembre de 2009

SOBRE TRIGLICÉRIDOS Y OTRAS BANALIDADES

Andaba yo preocupada por los triglicéridos. Peor aún, andaba muy preocupada por preocuparme por los triglicéridos. Los años no pasan en balde y el resultado de los análisis estaba ahí para demostrarlo. Ya tenía suficiente con el trabajo, la compra, la crisis, los exámenes, la proximidad de la preadolescencia, las manchas, las arrugas y demás menesteres del día a día como para preocuparme por los triglicéridos. Doscientos treinta triglicéridos para ser exactos. Supongo que cuando uno se preocupa por los triglicéridos ha de preocuparse por la tensión ya que ambos "parámetros" pertenecen a la misma "familia". Así que éste, y no otro, fue el motivo por el que decidí entrar. Nada como ir de tiendas para relajarse y cuidar la salud.
Si bien la "orden de alejamiento" continúa vigente, el precio de cada prenda superaba en dos ceros el límite de mi visa por lo que no había posibilidades de conculcarla cayendo en el dispendio. Entré despacio en la tienda "it" del momento y enseguida reconocí cierta similitud con los restaurantes caros. Cuanto más caro es el restaurante más grande es el plato y más escasa la comida. Una mezcla de salón y cuarto de estar con flores frescas y maderas oscuras y, en cada esquina, unas cuantas prendas de ropa estratégicamente colocadas. No más de cinco o seis por zona. En una butaca una chica de unos veinticinco estaba sentada con cara de abatimiento, mientras que otra, más joven, buscaba entre las perchas con delicadeza. Por como colocaba las prendas adiviné que sería la dependienta. Ninguna de las dos tenía aspecto de preocuparse por los triglicéridos, las arrugas, el peso o el gimnasio sino más bien de "errores de la naturaleza". Ese subconjunto femenino a las que todo, todo, absolutamente todo les queda bien. Esas que suelen salir en las portadas de las revistas y en las vallas publicitarias haciéndonos sentir, si cabe, más pequeñas.
Así que entre cashemir, pelo de camello, seda salvaje y tejidos futuristas decidí averiguar el motivo de preocupación de la joven (1*) mientras recordaba con nostalgia lo bien y discretamente que se revuelve en Zara (*2). Alfredo había invitado a Marta, la joven abatida y su flamente novia, a la cena de empresa y, como es natural, Marta no tenía qué ponerse. Mónica, que así se llamaba la dependienta, intentaba ayudarle en la resolución de semejante drama. Por las dos tazas de "Café y Té" de la mesita y por el número de prendas que se apoyaban sobre un decorativo diván, entendí que llevaban un largo rato intentando resolver tan grave problema.
A estas alturas de mi investigación me encontraba dialogando con unas horquillas de piedras a cuyo pago alcanzaba mi visa. Debía marcharme inmediatamente antes de claudicar en el dispendio y sumar a mi preocupación por los triglicéridos los remordimientos de la compra compulsiva. Me pesaba irme sin saber que sería de la pobre Marta sin vestido pero, justo cuando iba abandonar el local oi a Mónica que decía: "¿para enamorar? o ¿para seducir? Me di la vuelta.
Mónica estaba de pie frente a Marta, en una mano llevaba un vestido estilo Jackie: negro, de escote barco y manga japonesa, entallado y a la rodilla, sobrio y elegante, en la otra un vestido lencero color ciruela, escaso de tela dejándo el éxito del vestido más a las horas de gimnasio y a los días de ayuno que al diseñador. A Marta se le iluminó la cara. No sé cual de los dos eligió pero por la expresión de su cara me pareció que había encontrado su vestido.
Al salir de la tienda comprendí que los dos ceros adicionales de las etiquetas no responden tanto a la exclusividad de la prendas sino a lo difícil que resulta encontrar a alguien que hablé con franqueza. Y en cuanto a los triglicéridos, creo que no volveré a preocuparme por ellos hasta que averigue qué vestido compró y que fue de Alfredo.
(1*) La joven: al pan pan y al vino, vino. ¡Hay que fastidiarse!
(2*) Una semana sin entrar: ¡qué barbaridad!

24 de noviembre de 2009

El jardín de senderos que se bifurcan

Vuelven a estar de moda los anillos enormes, para mi satisfacción. Me gustan todos los anillos: grandes, medianos y pequeños; pero es verdad que un anillo XXL en el dedo corazón da un acabado impecable a cualquier conjunto de vestidito y leotardos, por ejemplo, para salir una noche de viernes al cine. Este invierno se impone el anillo artesano, creativo, confeccionado en casa con algo tan bucólico como un canto de río, una piedra lavada por el agua veloz. Y además se combina con uñas cortas y pintadas de colores oscuros... A mí me parecen algo siniestros, pero he encontrado un negro-plata, con acabado metalizado: el Gothik de Sephora. Y con él el lado dark se matiza mucho y hasta se convierte en algo chic, poniendo el punto de mujer a lo que resulta quizás demasiado dulce... a mi eterna cara de hobbit.

Estilo lady pero un poco oscuro, o sea, dark lady, ¡qué divertido! Me encanta combinar esta laca con un vestido de lino color azul noche con chorreras, un chaquetón del mismo tono de Adolfo Domínguez y un anillo de plata en forma de estrella y luna. Ese anillo que perdí, que estuvo largos años escondido en un arcón de maestu y que rescaté cierta primavera en que todo comenzaba...

La combinación de uñas, anillos y maquillaje puede ser tan variada como el jardín borgiano, un mundo de infinitas variaciones como espejos y laberintos. Yo acompañaría el dark lady con una sombra de ojos en color plata quemada, ese tono entre plata y humo que recrea, como ningún otro color, ese halo de embrujo que toda mujer persigue al arreglarse. Mirad esta foto que he sacado de la beauty blogo esfera:

De esta colección de maravillas tengo: - La sombra Galaxy de Bobbi, en crema y de larga duración, una joya para usar a diario porque se aplica con los dedos en un segundo, no te equivocas nunca y puedes modular la intensidad, desde un efecto glossy nude con un toque "guerra de las galaxias" hasta un ahumado light pero muy rockero... - La Smoke & Diamonds de Mac que fue una edición limitada de Mac y es algo más seria pero muy bonita también, y tiene una textura sedosa que facilita mucho su aplicación. Es de las que también admite el dedo índice como pincel improvisado. - La Diamond lil de Stila... la tengo hecha migas, porque se me cayó al suelo, y es tan tan tan especial que no me atrevo a compactarla con alcohol. Es clara y oscura al mismo tiempo, según el matiz de la luz es gris metalizada, verde humo o plata ahumada... la versatilidad hecha sombra. Me entran ganas incluso de entonar un réqioem a la manera de planto medieval, llorando la sombra rota... ¡tan inmensa es mi nostalgia!

14 de noviembre de 2009

Compritas del sábado

Últimamente mis semanas son cada vez más intensas... y mis sábados más relajados.
Las mañanas de sábado las suelo disfrutar en las librerías de mi barrio o las del centro de mi ciudad, que no son para tirar cohetes pero están bien, sobre todo si te acompaña alguna amiguilla y os pasais las horas raja que te raja sobre Chesterton o el nuevo best seller del otoño.

Pero esta mañana no tenía plan con nadie así que me he ido solita al Mercadona que está cerca de Los Arcos. De mi casa a ese centro comercial hay un señor cuarto de hora andando, y lo he gozado de punta a cabo porque el día no podía ser más bonito: cielo azul, música de Pajaro Sunrise sonando en mis orejas...

En realidad lo que quería era ver con mis ojitos los nuevos jumbos (sombras de ojos en lápiz) de Deliplús, que sí estaban: he repetido con el verde, un verde musgo con reflejos dorado que me enamoró allá por primavera.
Me he comprado también la famosa base para pestañas de Deliplús. Una pasta blanca encerrada en un tubo blanco también, con un goubillón propio de rímel, de los grandecitos que a mí me agobian tanto, pero como el producto es blanco no me manchará todo el ojo. Es la quinta maravilla del mundo beuty. De verdad, son tres euros aprovechados a conciencia. Espesa las pestañas y las curva, las alarga un poco... para una mujer como yo, a la que el rímel le fastidia muchísimo, es la Solución: esta prebase + un poco de vaselina = pestañas naturales y bonitas sin manchurrones.

En total, las compras en el Mercadona de hoy me han salido por seis euros, lo que no está nada mal. De vuelta a casa me he detenido en Los Arcos, porque creía recordar que dentro había un Claire´s. Esta tienda me horroriza, está llena de bisutería de plástico turquesa y botas forradas de peluche, es el colmo del Kistch. Pero había oído que también vendían unos brillos labiales con sabor a fanta de naranja y eso no podía perdérmelo. Así que entro en el antro de la purpurina y directamente le pregunto a una de las chicas más cercanas (para no morir aplastada por el omnipresente color rosa), si vendían barritas de labios de fanta de naranja. Me pongo roja temiéndome lo peor, pero ella me conduce a una vitrina giratoria... y allí están. No puedo creerlo, ¡¡¡son Lip Smackers!!!
 
Unos bálsamos buenísimos que hasta ahora sólo se vendían en América. Respiro aliviada: a estas alturas de la película un gloss es sólo un capricho, pero un bálsamo de labios, sea cual sea su olor o sabor, siempre será una necesidad. Me he llevado dos, el de fanta de naranja y el de Coca Cola.

10 de noviembre de 2009

Mi primera crema antiarrugas

Dedico esta entrada a Dhenianne, del foro Maccounter.

No, mi piel no tiene arrugas todavía.
Tampoco estoy angustiada por todas esas frases que se suelen repetir, y que suelen ser verdad... "A partir de los treinta, todo cambia. Hay que tener más cuidado."
No me asusta, quizás en mi inconsciencia lo veo lejos, o será que creo en la genética... Mi abuela tiene ochenta años y piel de bebé, casi, gracias a sus antepasados holandeses y a que no toma nunca el sol. Son dos cosas que ambas tenemos en común, la piel blanca y la fobia a los rayos solares. A veces bendigo mi piel sensible (en muy pocas ocasiones...) porque me obliga a usar fotoprotector solar todos los días del año. Y ya se sabe lo que dicen siempre los dermatólogos: el Spf 50 es el mejor producto antienvejecimiento que existe en el mercado...

Pero, en realidad, no pensaba en nada de esto al bajar a la farmacia y pedir este botecito de Sesderma. Pensaba en mis malditas rojeces y en mis granitos de irritación. Pensaba en que el gel de aloe vera puro se me estaba quedando corto y que, por alguna razón desconocida, había empezado a escocerme en los ojos, porque el polvillo de la tiza me los ha vuelto muuuuy sensibles. Pensaba en encontrar algo que trabajase en mi piel por las noches, ya que por el día uso la estupenda cremita Kelual DS de Ducray, que previene las descamaciones y trata las irritaciones.

El farmacéutico me habló del gel Azelac. Incluso lo destapó en mi presencia para que pudiera ver su textura, y como el amor entra por la vista, Cupido lanzó sus flechas doradas y me inflamó en deseos... no del farmacéutico, a Dios gracias, sino del gel en cuestión.
Ya he dicho muchas veces que, cuando se trata de la cara, yo sólo confío en cremas de farmacia, con algunas excepciones muy contadas como la línea Pure A de Garnier o la línea de agua de rosas búlgara de Carla Royo Villanova. De todas las cremas que te puede vender un galeno, las de Sesderma diría yo que son las más prestigiosas junto a gamas ya de alta cosmética tipo Darphin o Skinceuticals. Me apetecía probar, pero me apetecía probar algo que realmente necesitara mi cutis, y llegó a mi vida el gel Azelac.
Se trata de un producto muy, muy fluido, de color blanco satinado con reflejos color melocotón que al fundirse con la piel no se notan. Es muy suave, como de algodones, pero nada pesado. Nada graso tampoco, ya que se usa para tratar el acné, además de como hidratante para pieles sensibles y como tratamiento para rosáceas y cuperosis.
Y aquí es cuando me entero de las bondades antienvejecimiento del Azelac, que no tenía ni idea. Y de que tiene también efecto despigmentante. Vamos, que estoy ante la Piedra Filosofal embotellada, pura alquimia. Pura ciencia, también. El principio activo de este gel es el ácido azelaico, muy eficaz en el caso de acné y melasmas. También se ha demostrado que controla los síntomas de la rosácea, aunque la ciencia aún no se explica el por qué. La verdad, mí no me importan mucho las razones, sino los resultados. Y en el caso del Azelac, el ácido se combina con glicerina para hidratar y con caléndula y camomila para potenciar las propiedades calmantes. Estos son dos de mis ingredientes naturales favoritos, y leer sus nombres en la composición fue "lo que me acabó de enamorar."

Y es que, a lo largo de estos años de búsqueda y espera, he notado que hay seis principios activos naturales que calman las rojeces, y estos son:
- La Caléndula.
- La Avena.
- La Camomila.
- El Agua de Rosa de Damasco.
- Y el Aloe Vera.

Una semana después de la compra... tengo la piel mucho más suave, mucho menos roja y sin un granito de esos rojos y pequeños. Del efecto anti manchas o antiarrugas nada puedo decir, afortunadamente, aunque sí he usado el gel como contorno de ojos: es muy agradable, lo tolero perfectamente y mis dos fastidiosas líneas de expresión están algo más relajadas.
 Ahora mi rutina de belleza se ha completado y enriquecido. Combino este gel con el Kelual DS por la mañana. Y dos veces al día me limpio la piel con la loción Cetaphil, que también es una leche gelatinosa e increíblemente suave... pero cuando se me termine compraré un limpiador de Sesderma llamado Hidraven, que contiene Aloe Vera, Avena y Camomila, es decir, ¡ingredientes que están incluidos en La Lista!

4 de noviembre de 2009

Cremitas Perfumadas

Así se llama el blog de la dulce Claudia, que me descubrió el concepto de perfumado en capas. A ella dedico este post, que por una vez no es sobre maquillaje sino sobre perfumes.

En realidad, no he soportado nunca los perfumes que se venden en las tiendas, esos de fragantes frascos de cristal y nombres pretenciosos como Pure Poison o Halloween kiss, ¿beso de Todos los Santos? Es algo que me supera.

Me parecen todos carísimos. No soy puritana con el dinero, ya lo sabéis, y el importe de uno de esos frascos me lo puedo gastar a lo largo de una maravillosa mañana de sábado en el centro de Sevilla: un par de poemarios, una crema de farmacia, otra barra de labios de Mac... ya son cuatro cosas, y no sólo una. Haced la prueba: 10 euros (librito de Renacimiento) + otros 10 (más de lo mismo) + 25 euros (gel Azelac de Sesderma, milagro del que hablaré otro día) + 17 (Russian red de Mac) = 62 eurazos que suele costar cualquier perfume de marca, si no es más... ¿Hay delito, o no hay delito?

Por si fuera poco, soy rarita para los olores, y contra van pasando los días, meses, años, más rara me vuelvo. No me gustan los orientales ni los amaderados. Ni los florales. En verano tuve un brote de obsesión por el jazmín, pero ya se me pasó. Gracias a Dios resistí la tentación de hacerme con A la nuit, de Serge Lutens. Sigo pensando que este hombre es un pedazo de artista, que si alguien vende alquimia para el alma es él y que si por alguien hay que dejarse pelar los bolsillos es por él, pero nunca hubiera terminado de amortizar los ¡88 euros! que costaba el jazmín embotellado.

Antes me perdían los aromas cítricos, pomelo, mandarina... y mi padre me regaló mi adorado Aqua Allegoria Mandarin Basilic de Gerlain, pero la triste realidad es que el segundo bote se lo está bebiendo mi madre. No sé qué me está pasando.

Me ha dado por la naturalidad. Me parece que no es verosímil que una mujer huela a flores, ni a almizcle por goloso que sea, ni siquiera a campiña inglesa, y eso que uso bastante el Eau de Campagne de Sisley que me compré en verano... Ahora lo que quiero es oler a limpio, salir de la ducha y conservar ese estado de gracia natural por todo el día, ¿es tan difícil...? Busco aromas de jabón, de polvos de talco, pero todo lo que llaman "empolvado" en alta perfumería me suena a lo mismo, a gastar sesenta euros para oler a perfume top five.

Pero ya se terminaron mis tribulaciones, porque he logrado crear mi olor personalizado. Lo conseguí mezclando un desodorante, una crema de cuerpo y una colonia infantil cuyos aromas sutiles se funden y no se entorpecen. En primer lugar, Legrain ha decidido reeditar la fragancia de su gel moussel ¡en versión desodorante! Fue un gran día cuando lo descubrí en el supermercado. De verdad huele a la fragancia original, no tiene sal de aluminio y ¡dura todo el día! Ese es el primer paso de mi peculiar perfumado en capas.

A continuación, me embadurno en el bálsamo de Monoi Spa Wisdom Polynesia de The Body Shop. Ya sabéis que las mantecas corporales de Tbs son mis favoritas, y ésta huele a verano pero te abriga con una calidez propia de invierno. Y es suavita y empolvada.

El último toque, unas gotas de Nenuco Baby Spa, la nueva colonia de Nenuco (¡gracias, Blanca!) Huele a polvos de talco de bebé, por fin. Así resisto todo el día y, llueva lo que llueva, con dos productos en el cuerpo que llevan la palabra "spa" entre sus numerosos títulos, la relajación viaja conmigo.