27 de septiembre de 2010

Look rockero light

El domingo fui a un concierto de Los Walkman, un grupo genial que toca pop de los ochenta y que tiene a Naranjito por bandera. Uno de sus fundadores es muy amigo mío, de hecho cuando formó el grupo le regalé mis walkman. Porque yo tuve un cacharro de esos hasta el dos mil tres por lo menos, me refiero a que escuchaba música por la calle con él, cuando el resto de los mortales se dividía entre los ciudadanos de a pie con su discman en ristre y los adelantados, cuyo número iba creciendo y mostraban orgullosos su alucinante mp3.
El grupo de mi amigo mola muchísimo. Aquí tenéis una "medley" de cosas que suelen cantar, y aquí un vídeo donde muestran lo pirados que están, lo gamberros que son... y el auténtico arte que tienen. Y estamos de enhorabuena porque todos toditos los domingos del año van a amenizar las tardes del pub Bravo Sevilla, en los bajos del hotel Los Lebreros. Es algo digno de verse y escucharse.



En su primera actuación en Bravo Sevilla, Beades me había regalado una camiseta del grupo, negra y con el enorme logo en blanco. Decidí que me la pondría con unos pantalones de tela negra, zapatos color plata vieja de medio tacón y... maquillaje duro. Nunca me había ahumado los ojos a rabiar si los labios sangraban escarlata, y la verdad, resulta muuuuuy divertido.




Las fotos no tienen la mejor luz del mundo: atardecía. Como veis, mi look rockero es aún muy light: a conciencia decidí suavizar la llama encendida de los labios con un colorete rosa-algodón de azúcar. ¡Una auténtica chica de los ochenta nunca lo hubiera utilizado! Y, para más delito, usé el mismo rosa (el All Over color Stick de Elf en tono Pink lemonade) para crear una base dulce en los ojos, antes de delinearlos. Lo hice con dos lápices negros distintos: primero, con trazo firme, uno negrísiimo de Douglas que dura bastante y luego, en clave ahumado, emborroné un poco la línea con el 24/7 de Urban Decay en el tono Zero. Después humedecí mi dedo índice con agua termal, y apliqué por todo el párpado móvil la mítica sombra "Werewolf or vampire" de Essence, de la preciosa colección Eclipse, aunque vale cualquier sombra negra y escarchada: Black tied de Mac, Night breed de Nars... La difuminé con un pincel de Better.



La piel iba pálida, como deber ir la piel de una rockera. Tengo dos polveras de color azul piscina de Shiseido, en dos tonos diferentes, el SPF50 y el SPF60. El primero se corresponde con el color de mi piel en invierno, que ahora resulta pálido, y el segundo es el tono exacto de mi tez en verano, que ahora queda algo oscuro. Para la ocasión me decidí por el tono claro. No iluminé el arco de la ceja de ninguna forma, tampoco el lagrimal: quería un resultado completamente mate salvo el punto dulce de las mejillas rosas y jugosas.



La gran protagonista del look fue, sin duda, la boca. Quería utilizar mi gloss negro de Mac, tan apetecible: tiene un aroma embriagador a natillas y un delicioso tono "tinta de calamar". Pero como a pesar de negro es muy translúcido, perfilé y rellené mis labios antes con el lápiz Cherry de la misma firma, rojo medio, frío y mate. Nunca antes había probado el mágico binomio rojo + negro, ¡me gusta! (Pero la próxima vez, lo combinaré con ojos nude.)

Fue una tarde-noche memorable. Y es sólo el principio...

25 de septiembre de 2010

Makimarujeo: El "tocador" de Adaldrida

Siempre me han dado envidia esos vídeos en youtube o esos posts llenos de fotos donde la gurú de belleza de turno abre cajones, enseña cajas de cartón forradas de un femenino papel de seda... con todo su maquillaje bien ordenado dentro.
 Unas lo guardan en cajoneras de plástico customizadas, otras tienen un auténtico tocador vintage... o se han montado uno con una mesa de estudio y un espejo de bombillas empotradas. Yo veía mis mil barras de labios arrambladas, destartaladas, y me moría de envidia. Hasta ahora.
En septiembre, ya se sabe, toca orden general. Me da muchísima pereza, porque tengo un mueble estantería con cajoneras por debajo que ocupa toda una pared y llega al techo... y era un auténtico caos. Hasta ahora. Me propuse ordenarlo con la sana motivación de reservar dos baldas enteras a la lujuria cosmética. No más momentos del tipo "ay, voy a buscar el Honolulu Honey al otro lado del armario... ¿neceser rosa o azul? ¡¡¡Diossss mío, estos esmaltes están seeecos!!!" No: todo lo necesario, querible o deseable a la vista y bien organizado. Y lo que no sirva, a la papelera.




Me ha costado dos tardes, pero voilà! Ya puedo enseñaros mi particular "Tocador", es decir las dos baldas de la derecha de mi estantería, rebosantes de frasquitos y colores.


En el primer estante, una cesta de Ikea con las cosas de Nars, las de Elf y las paletas; una cestita pequeña y redonda con mis brillos labiales y máscaras de pestañas, una cesta rectangular con cositas de Essence, algunas cremas y, en el centro, una bandeja de cartón con dibujos azules y rojos, forrado de papel amarillo por dentro, con algunas monadas de Benefit, Bourjois, la crema iluminadora de Eyeko, siete tarritos de muestras de Mac, una sombra color plomo que uso mucho y mi kit de emergencia para los labios: exfoliante de azúcar rosa de Lush y bálsamo de aceite de oliva de Olivar de Segura.




La joya de la corona es, por supuesto, la cestita de Ikea. Tengo todo Nars a mano y más o menos limpio. Por cierto, os doy un buen truco para domesticar los envases gomosos de esta firma, que tienden a ensuciarse: yo los froto con un paño mojado en crema corporal, preferiblemente manteca de The Body Shop. Se quedan relucientes y duran así mucho tiempo.
Además es la cesta de las paletas: en realidad, lo que se dice paletas grandes sólo tengo tres: el maravilloso "libro de sombras" de Alicia de Urban Decay, que me regalé cuando se publicó mi tercer poemario, la paleta de ácidos de Sleek Make up que me compré en verano y la de diez coloretes de Costal Scents que me regaló Victoria, una amiga de la adolescencia. Luego está el precioso trío lavanda, agua y antracita de Art Decó, y mi quad de grises y morados de Mac, que contiene los tonos Knight divine, Silver ring, Beauty marked y Signed, sealed.


Un primer plano de la cestita del gloss. Lo adorné con un broche que me regalaron mis amigos Ana y Rafa el día de su boda. Guardo también aquí mi corrector de Bourjois y varios tesoros: el Cherry crush de Stila que me trajo mi padre de París, la máscara Lashmanía que conseguí en Haro este verano, el gloss rojo piruleta de la colección Eclipse de Essence, y un par de "dazleglass" de ediciones limitadas de Mac que me chiflan: el Amorous, rojo granate brillante e impactante, y el She-zah, transparente con un millón de glitter plateado. Ah, y el gloss completamente negro de una colección gótica que hubo una vez. En mis labios queda ciruela oscurísimo.



En el estante de arriba, que de momento decoré con dos revistas (pienso forrar el recuadro de pared con un collage beauty), están mis perfumes, mis esmaltes de uñas en fila de dos (¡mostrando buenos modales!), mi vaso de brochas y otro vaso enorme que birlé con mis amigos en un pub irlandés... y que contiene mi prehistoria potinguera y alguna otra cosa que no cabe en ningún sitio. En el centro, mi gran cesta redonda con sombras de Mac, Stila, Benefit y Mufe, mi cestita con jumbos de Nyx y Mercadona (los segundos claramente me gustan mucho más), y un precioso baulito forrado de pelo sintético, con asa bucólica y mis labiales dentro.



Este es el "baúl". Tuve que sacarlo de su escondite para que lo vieráis bien.



Y esta la cesta de las sombras: he tenido que utilizar flash para retratarla. Tras dos días y medio de orden liberador, saco cinco conclusiones:
1.- NO necesito más sombras de ojos, a no ser un maravilloso dúo de Nars. No tengo sombras nudes, aunque parezca mentira: se impone el All About Eve, ¿no os parece?
2.- No necesito ningún otro colorete, a no ser un fascinante rubor de Nars.
3.- He perdido la brocha tipo lápiz de Mac y la Smudge de Sephora, ¡mis dos favoritas! Claro que me las llevé al Norte en verano... Menudo cataclismo.
 4.- Tengo muchos menos labiales de los que yo pensaba, claro que he ido regalando tropecientos cada vez que me arañaba la conciencia. Esto sólo lo soluciona... ¡Nars!
5.- Y... tengo muchas menos cosas de Nars de las que imaginaba. Hay que ponerle remedio.

Y en el próximo post maruja... ¡¡¡el neceser de Adaldrida!!!

20 de septiembre de 2010

Lujuria cosmética

De pequeña, solía ir a las ferias de artesanía en busca de piedras raras: mi padre era un apasionado del mundo mineral y me contagió su fiebre. Nuestro plan favorito, cuando estábamos "los dos solos", era pedalear sin tregua en una barca por el río, comer una pizza en la calle Betis y luego asistir a alguna de esas exposiciones donde se exhibían ágatas y cuarzos rutilados.
Unos años después, de adolescente, comencé a ir a este tipo de mercadillos con mis amigas. El botín más preciado era entonces la bisutería étnica: mejicana, de África... los anillos de coco, pendientes de madera y brazaletes de metal cobrizo comenzaron a desbordarse en los joyeros de mi dormitorio.

Pertenezco a una familia de coleccionistas: cuando nos da por algo vamos a fondo, a saco, a tumba abierta. Libros, discos, pequeños dibujos, pintalabios... Afortunadamente no nos da por el vino o el fornicio porque, con lo excesivos que somos para todo, ¡aviados estaríamos!



Y, ¿por qué hablo yo de repente de ferias y mercados étnicos? Puies porque mis gustos han cambiado, y mucho. Ahora, lo que busco en los "mercado medievales" son, como habréis adivinado... sí, eso mismo... ¡garitos de cosmética artesana! Y nunca faltan, siempre hay uno o dos. Así descubrí Aloeplant. Y ayer decidí escaparme a la Feria de las naciones que cada otoño aterriza en el prado de san Sebastián (Sevilla.) Allí compré una vez un brazalete como de plata oscura, retorcida y labrada, y la perdí de una forma idiota en pampaluna, pero ésa es otra batalla que contar. Ayer encontré una caseta con jabones artesanos, cien por cien naturales y fabricados con aceite de oliva según la técnica del jabón de Marsella. Los había de todos los aromas: chocolate, lavanda, clorofila, romero, bergamota... Me dijeron que no tenía tienda física pero sí virtual: la savonnerie.

Lo que me inquieta es que en la página web sólo ofrecen tres clases de productos: jabón de Alepo, jabón de hiedra y mineral de alumbre en un páctico lingote con cuerdecita... Esto último será mi próximo objetivo: ¿quién se resiste al desodorante más natural del mundo después de haber leído el post que escribió Calipso?

Pero volviendo a los jabones, en la feria había tropecientas clases distintas. Costaban tres euros la pastilla de 125 gramos, y si te llevabas dos te salían a cinco euros. Es decir, comparando: ¿Recordáis el jabón de caléndula de Korres? Yo decía que era muy caro porque costaba cinco euros dos pastillas de ochenta gramos. El de La Savonnerie trae un tercio más de producto y, a pesar de que Korres es una casa muy buena, yo diría que también un tercio más de calidad.




Me llevé tres: dos para cuidar mi piel y uno para dar olor a los cajones de mi armario. ¿No os parece sumamente romántica la idea de una delicada pastilla de jabón, envuelta en papel de seda y escondida entre la ropa blanca de un armario? En el mío lleva varios meses el "Cariño, he lavado a los niños" de Lush, esparciendo su aroma de miel y leche tibia, y he decidido sustituirlo por este de violetas que huele a los caramelos madrileños de mi infancia, esos en forma de flor que se hacían con pétalos frescos de violeta y azúcar, literalmente "violetas confitadas"... así huelen ahora mis cajones.





Los otros dos son de leche de burra y de caléndula. El primero, blanquísimo, huele a jabón tradicional, a crema de la abuela, a tocador de dama antigua. Huele también como el bodymilk de leche de burra de Grisi, riquísimo. Es muy untuoso sin resultar graso, e hidrata con suavidad: dos virtudes que lo hacen muy apetecible para usarlo en mis manos, que están un poco estropeadas. El de caléndula es para mi cara: hace casi dos años escuché en una pequeña farmacia que la caléndula era buena para la piel sensible, y desde entonces no he parado. El primer intento, con Korres, no salió del todo bien porque picaba en mis ojos... ¡pero esta pastilla rosada no escuece! Crea una espuma fina y eficaz, ya que emulsiona con el agua sólo con humedecerla una vez:




Limpia la piel sin resecar, con suavidad. Y, lo más importante de todo: ¡me ha inspirado un poema!

17 de septiembre de 2010

Nuevo pedido de Elf

Gracias a Gadirroja tengo en mi poder nuevos productos élficos. En mi primer pedido conseguí tres superventas de la firma: por un lado, el labial Nicely nude, que se convirtió en una de mis barras de labios favoritas, y el dúo de blush & bronzer (podéis ver cómo quedan los tres juntos aquí), y por otro el Complexion Perfection, que me obnubiló hasta el punto de hacerle una completa review. Hubo también un par de cosas que no me gustaron tanto: las sombras en crema, bonitas pero nada duraderas, y el All over color stick en tono melocotón, que no se extendía bien en mi piel, olía demasiado fuerte a jarabe de naranja y hacía más visibles mis manchas veraniegas.
Y, sin embargo, sentía mucha curiosidad por probar el mítico Pink Lemonade, el All Over Color Stick más vendido de Elf: un rosa dulce y ácido al mismo tiempo. Gracias a la amabilidad de Gadi lo tengo ya en casa, y estoy impresionada. No tiene nada que ver con la barrita de mi primer pedido: ésta realmente se puede decir que es un clon del glamuroso Múltiple de Nars, y a un precio muy tentador: una libra y media que, al cambio, son algo menos de dos euros. Esta vez no me ha parecido tan empalagoso el aroma, y el color es precioso y versátil. En el párpado recrea un aire de inocencia: ojos de algodón de azúcar. Basta un ligero trazo de kohl y máscara de pestañas para conseguir un look cotidiano y despierto. En las mejillas logra un rubor dulce y alegre, nada cargado. Pero es en los labios donde podemos sacar partido al tremendo potencial de esta barrita mágica: logra un rosa bebé escarchado y ligeramente empolvado que enamora. Otra cosa de Elf que me apetecía probar eran sus cuartetos. Son de tamaño "pocket", como el stick de mejillas, ojos y labios: al principio, cuando los ves envueltos en el blíster de plástico te parece maquillaje de "jugar a las casitas", pero la calidad de estos dos que muestro, (el Teal dream y el Drama), es ciertamente magnífigica. No tuve tanta suerte con el tercero que pedí, Etherial, que no pigmenta casi.

La paleta Teal Dream, además de la eterna sombra iluminadora, contiene un turquesa suave, un verde agua suave y un verde musgo muy suave. Es una paleta de tonos pastel, para hacerse un look de ojo casi desnudo sin renunciar al color. Los colores desprenden serenidad, la calma de una piscina azul y el silencio misterioso de un bosque.

La paleta Drama es un must de la firma, y lo tiene todo para lograr un ahumado intenso: un blanco puro que por una vez no está de más, porque sirve para hacer contrastes en el lagrimal y en el arco de la ceja; un negro denso muy pigmentado y mis dos tonos favoritos: un humo espectacular y un plata muy luminoso. Los cuatros tonos pigmentan muy bien y duran en el párpado. El cuarteto Drama es una magnífica compra; y su precio, otra libra y media.

Por último pedí dos barras de labios de la línea mineral: Cool Coral es un naranja metálico muy alegre, más que coral yo diría que es un tono "caramelo de mandarina"que da mucha alegría a los labios.

Y Barely Bitten es el rojo ideal para llevar a diario, a caballo entre el efecto piruleta y el acabado labio mordido, un rojo que se dulcifica en la boca gracias a su textura acuosa y a que el color no es sólido, se funde con la propia coloración de la piel. Todo un must. ¿Cuál es mi balance de Elf, después de dos pedidos? Sin dudarlo, muy positivo: estamos ante una marca profesional, barata, con colores preciosos y con un solo handicap: no posee tienda física en España. aunque al menos nos han abierto ya una web.

14 de septiembre de 2010

Cordura en los ojos

El Cordura de Nars es mi dúo de sombras favoritos: tanto que, a pesar de ser un dúo de invierno, lo he llegado a utilizar bajo el calor de Sevilla, en pleno julio. Tanto que, en caso de penuria extrema, podría sobrevivir con él y con una buena máscara de pestañas como único fondo de armario para vestir mis ojos: es todo lo que una mujer necesita.
Un buen día François Nars se despertó y se dijo, "¿cómo puedo complacer a las mujeres del mundo entero con un sólo gesto?" Y creó esta pequeña obra de arte.



Mi irrefrenable pasión arranca del momento en que lo vi por vez primera. Fue amor a primera vista, sin dudarlo, y fue una historia de amor de estilo antiguo, porque la primera contemplación sucedió a través de una fotografía. Me quedé enredada en la magia de los píxeles, subyugada.

Os cuento cómo comenzó todo:
hace unos cuatro años yo solía bucear en el foro Vogue de Belleza para aprender algo más sobre maquillaje, porque me sentía analfabeta profunda. Así conocí Nars, y la del Cordura fue una de las primeras imágenes que descubrí. Eran los dos tonos marrones más delicados y alucinantes del planeta.
Y los conseguí gracias a Miss Sir, una encantadora forera vasca del Maccounter, que lo compró en Urbieta y me lo envió por correo. Fue uno de los primeros paquetes de maquillaje que recibí en mi vida: recuerdo mi paseo hasta la oficina de correos y mi ilusión recién estrenada. Ese fuego de la primera vez... LLevaba una tijera en el bolso y rasgué el papel de embalaje allí mismo, sentada en un banco entre gente que esperaba.



En la fotografía que ofrezco, que por cierto está hecha con las peores intenciones del mundo, (las de enamoraros), se ven las dos sombras. Lo primero que destaca es que no se trata del típico dúo lánguido que contiene un color precioso y un iluminador pasable. ¿No tenéis tropecientas cajitas de color vainilla irisada en los cajones, todas con el mismo fin, iluminar el arco de la ceja? A mí me parece que con una o dos es suficiente, y me enfada ver un valor seguro como el verde menta brillante de Misfit, o el naranja encendido del Mediterranée, mezclados con el eterno y anodino blanco roto.

Cordura tiene una sombra color galleta maría, que suelo aplicar en la cuenca del ojo con un pincel de difuminado, como la brocha Smudge de Sephora, y que para un look de diario puede utilizarse sola. Tiene fuerza pero es discreta, digamos que en una paleta de sombras "nudes" sería de las que dan un poco de alegría sin dejar de ser neutras.
Y luego viene la joya de la corona, un imprescindible en cualquier tocador: Un tomo marrón ahumado, con la justa proporción entre el chocolate y el gris, entre el matiz cálido y el frío. Un marrón ahumado con chispa dorada que sienta bien a los iris castaños, color miel, azules e incluso verdes. Pura magia, un auténtico comodín en nuestro neceser.

11 de septiembre de 2010

El Betadine lo cura (casi) todo

Había una escena muy divertida en una de las novelas de Carmen Martín Gaite, donde la protagonista se mancha el vestido en una especie de recepción pija, le pide a la anfitriona polvos de talco, y al obtener como respuesta un "no-hay-polvos-de-talco-aquí", suelta una de sus frase brillantes: "una casa sin polvos de talco y sin un huevo de madera, malos cimientos tiene".

Me encantó la frase, creo que me la apunté incluso en alguna libreta. Mi ignorancia me llevó a encontrarla muy divertida: ahora ya sé que un huevo de madera era esencial en el costurero de cualquier mujer de posguerra. Pero me sigue chiflando la frase, porque adoro el olor de los polvos de talco... y porque me parece una verdad enorme eso de que hay cosas que nunca deben faltar en una casa. Cada uno inventa sus normas, pero básicos e imprescindibles han existido siempre. Hay quien no duerme si en su nevera no hay un litro de leche semidesnatada, los hay de "yo sin mayonesa no sé vivir", "sin cuatro latas de Cocacola no soy nadie"... Y en cuanto al tocador sucede lo mismo. Yo creo que básicos, básicos en un aseo de señorita hay tres o cuatro: una pastilla de jabón sin detergente ni petroquímica, que lo mismo sirva para lavar manos que para desmaquillarse; un tarro de manteca de karité cien por cien pura, comprado en algún herbolario escondido y con cierto tufo a cannabis, y un bote grande de Betadine. La manteca de karité es el gran multiusos: hidrata manos, cuerpo, uñas, cara. Y el betadine es el mayor invento que haya ideado el hombre desde que nació la siesta.

El betadine se compone de Povidona Iodada y se usa como medicamento para limpiar las infecciones leves de la piel. Pero hay más: una gota de Betadine puede librar de la ceguera a un niño en África. Y es un filón a descubrir en el cuidado diario de la piel. Muchas recetas caseras contienen este ingrediente como alma mater de la fórmula, esa pieza del puzzle que hace que todo encaje.

Por ejemplo, el betadine puro es capaz de desprender una verruga blanca de la piel si ésta es un poco "saliente", digamos en forma de península, es decir: con un solo punto que las une a nuestra piel. Este tipo de verrugas se caen con facilidad tras aplicar pacientemente Betadine durante unas semanas. Es un hecho verídico.

Si tienes la piel sensible pero acneica ya sabes que hay un sinfín de productos que no puedes usar porque irritarán tu cutis; cuando a mí me ocurría un brote de granitos rojos, los hacía volar con una cataplasma de gel de aloe vera y betadine. Es obvio que si eres alérgico al yodo esto no funciona, pero en general el betadine se tolera maravillosamente bien, es otra de sus virtudes. Para crear un after sun casero sólo debes emulsionar en un cuenco tres cucharadas soperas de agua Evian, dos cucharadas grandes de aceite de oliva virgen y unas gotitas de Betadine: esta receta me la dio mi tía A., madre de seis adorables monstruos.

Por último, Miss Potingues nos dio una receta para realizar en casa un pequeño spa que restaure nuestros pies. La fórmula sencilla sería algo así como la suma de un puñado de sal gruesa, otro de sales perfumadas, unas gotas de aceite de oliva y otras de aceite de aloe vera, y un poco de jabón hidratante. A mí me gusta el aceite de Hiperico, y mi pequeña aportación en este tema es que el mejor jabón para completar el baño de pies es el betadine jabonoso: los limpia realmente bien.

8 de septiembre de 2010

Uñas de niña buena

Tengo, digámoslo así, "una mano más corta que la otra", por lo que me cuesta un poco cortarme las uñas y pintármelas. Me ocurre lo mismo en el apartado "moños, tocados y semirrecogidos", o sea, lo mío es el pelo suelto algo despeinado. Por eso adoro la laca y, en el apartado de la manicura, los colores suaves, de niña buena, en los que no se nota mucho una lasca o un desliz. Y por eso mismo no me dedico a enseñar en el blog mis "maravillosos looks veraniegos", ni utilizo placas de Konad, mi pedrería de fimo, ni trazo medias lunas en mis dedos. Pero sí quería mostraros cuáles son mis lacas favoritas. Salvo contadas excepciones, me gustan los tonos que oscilan entre el rosa suave y el melocotón.
 
En el primer look que me atreví a ofreceros, llevaba este tono de esmalte, y alguna de vosotras me preguntó su nombre. Es el Tarte Decó de Essie, un coral suave muy ponible, muy cremoso, muy duradero. La pigmentación y la permanencia son las mejores bazas de esta firma profesional, que es por cierto muy difícil de encontrar en Sevilla. Este botecito, como algún otro, lo compré en el corte Inglés de la calle Goya, en Madrid, durante una divertida mañana "de chicas" con Cantaloupe y Kitty.
 



Una segunda opción de lucir un look de niña buena es el rosa "barbie", que aporta luz y alegría a las manos sin dejar de ser discreto. Yo tuve la suerte de recibir, como regalo de amigo invisible en el foro Maccounter, esta lujosa laca de Dior: se llama Paprika y es divina. El peso de la "Maison" se hace notar desde el primer momento en que el pincel roza tus manos: en la suavidad, el brillo, el secado y la textura. El acabado es trasparente, como si lo que se viera es el brillo natural de tus uñas..., sólo que sublimado y coloreado.

Si lo que buscamos es vestir nuestras uñas con el último grito y no quedar electrocutadas... entonces necesitamos el Blue my mind de H&M. Siempre he pensado que los esmaltes sucede lo mismo que con la ropa: para las extravagancias de temporada no hay que optar por lo más caro. Si de pronto se pone de moda el azul en todas sus vertientes (primero navy, luego cielo...), pues prefiero pagar dos euros por un clon y reservar Chanel para el atemporal Rouge Noir, que por cierto aún no he comprado. Y, en cuestión de azules rompedores, también existe la opción "niña buena": Blue my mind. Se trata de un azul pastel, tirando un poco a lavanda... ¿Llamativo? Sí, pero con elegancia. Además, adoro esa foto, tomada en la terraza del Doña María, con toda la luz de Sevilla y un Cuba libre de fondo: ¡la esencia del verano!




Ahora es casi otoño y estoy sumergida en la vuelta al cole. Y para batallar con horarios, programaciones y el último calor, la semana pasada acudí por vez primera a un centro especializado para que me arreglasen las uñas. Nunca lo había hecho antes: me las suele cortar mi madre o, en caso de terremoto, yo misma (entonces el teremoto parece haberme sucedido a mí, of course: ¡uñas escalonadas!) Por si esto fuera poco, aborrezco la lima, me provoca una dentera infinita. Y a la chapa y pintura me dedico yo también, con más acierto en la mano izquiera que en la derecha.

Pero el primer día de trabajo decidí pasarme por el Sephora de la calle Sierpes y pregunté a Elo si me podían hacer la manicura. Lo hizo ella misma: mimitos hidratantes y suavizantes de Sephora, limado con fruición (y repelús por mi parte), tono Ballerina de Chanel y blanco de Clarins y, por último, top coat de Dior. Mis manos brillaban.

Pero lo mejor fue el momento "relax femenino", de conversación con la que hasta ahora era sólo una atenta vendedora de una selecta perfumería: hijos, uniformes, libros, maquillaje... dos mujeres hablando lo revolucionan todo en lo que dura... ¡una manicura francesa!

6 de septiembre de 2010

Look minimalista con Fabulous felines de Mac

Uno de mis propósitos para este otoño que comienza era no demorarme en el expositor de Mac, por el bien de mi bolsillo, pero me ha sido imposible.
A los últimos coletazos de la colección Dare to Wear, de la que me llevé dos sombras vitamínicas ( Going Bananas y Lime), ha seguido una colección dedicada a ¡los gatos! Que, junto a las ardillas, son mis animales favoritos. Tentador, como Dios manda.
Tras la pequeña decepción del packaging (quiero decir, de la ausencia de packaging: me imaginaba envases blancos y estampados con diminutos felinos negros, tal vez), llegó la sorpresa: barras de labios absolutamente adorables, rosas cremosos, topos elegantes, cerezas subidos e imposibles verdes con glitter dorado. Hay dos labiales de la colección que no os podéis perder: Of Royalty, rosa cremoso de base azul parecido al Viva Glam Gagá pero menos liláceo, y Aristocat, un ciruela dorado realmente bonito.

Sin embargo, lo que se vino conmigo a casa fue el eyeliner líquido Defiant Feline: un marrón chocolate con chispa dorada que resalta y enmarca mis ojos color miel.

El color chocolat hace que los ojos marrones parezcan más profundos, les da un halo de misterio muy especial; al mismo tiempo, el matiz dorado les aporta un poco de alegría. Vi un eyeliner verde esmeralda que me fascinó, un gris plata que será mío... pero hoy por hoy ésta es mi opción primera. Tras pelearme un poco con él (es la primera vez que uso un kohl líquido), conseguí trazar una ligera raya: por fin ofrezco una foto de mi ojo abierto:
Decidí dejar el resto del ojo desnudo, para estrenarlo en un look minimalista que resaltara todas sus virtudes. Lo acompañé con los dos productos preferidos de mi neceser, esos que me dan una "luz dorada de tardes en el parque": labial Jist de Mac y colorete Luster de Nars.


Preparé el rostro con el maquillaje solar en polvo de Shiseido, aplicado con la brocha Kabuki del Mercadona, precisa, suave y... muy barata.