29 de enero de 2011

El tag de la máscara de pestañas: una historia de amor y desesperación

Soy una acérrima defensora de la palabra Rímel. Con su tilde y su eme única. La conquistaron a golpe de economía fonética las mujeres españolas de la generación de mi abuela, llamando así día a día al tubito de pasta negra con un cepillo rizado que, cual varita de Harry Potter, lograba hacer magia en sus ojos, abriéndolos cada mañana.
¡Alohomora!
Bettie me ha nominado a un tag muy útil, en el que debo hablar de mis tres máscaras favoritas: una barata, otra de precio medio y otra de alta perfumería.
Debo adevertiros en primer lugar que mis pestañas no son gran cosa, como ilustra la foto que veis: está hecha en el momento en que voy a maquillar mis pestañas, pero todavía el goubillón no las ha rozado por lo que las muestro au naturel*. Mis pestañas son cortas y rubias, aunque afortunadamente sí que poseen un mínimo rizo. Pero durante años me ha desesperado lo cortísimas y excesivamente claras que eran y, todo hay que decirlo, más aún me desesperaba lo torpe que era yo con el manejo del rímel. Me manchaba toda, me pringaba los párpados, sacaba grumos de donde no los había... así que opté por máscaras transparentes. Astor y Essence tienen rímel translúcido de muy buena calidad, que cuida y hace brillar la mirada, aunque no es lo mismo.
Hace un par de años me decidí a usar máscara negra a diario y comenzó esta historia de amor y oscuridad. Empecé utilizando las de la casa Maybelline: primero la del famoso bote verde y rosa y luego, tras oír buenísimas críticas, la Colossal Volum´express. No me gusta ninguna de las dos, pero ojo, eso sólo significa que mis pestañas no consiguen destacar con ellas. El producto en sí es bueno: no hace grumos, no daña la pestaña y no se descascarilla en el párpado inferior consiguiendo así un bonito efecto ojera. Esto último me solía ocurrir en mis tiempos mozos con el rímel de The Body Shop, el Oui au volume de Bourjois, la máscara Architecte de L´Oreal y, aunque parezca mentira, con una muestra de la Inimitable de Chanel.
Y ahora que ya he hablado de mis decepciones, voy a relatar mis grandes amores. En el apartado LOW COST entran varias máscaras de Essence que pasaron por mi vida sin pena ni gloria, y la Lash Mania que, al precio de tres euros y medio es un rímel formidable, y con él hice el look del domingo ahumado y el verde primaveral con la paleta Alicia de Urban Decay.
Sin embargo, mi favorito en esta categoría es el rímel mini de Bourjois en color azul. Es cómodo y la fórmula no se seca porque al tener menos cantidad no le da tiempo a estropearse. El tono azul da a mis pestañas un brillo especial y saca lo mejor de mis ojos color miel. Si tus ojos tiene un atiz castaño claro, te la aconsejo vivamente. Su precio ronda los cuatro euros en el Corte Inglés.
En el apartado "gama media", la maravilla se llama False lashes effect de Max Factor. Es sin ninguna duda mi rímel favorito: alarga, espesa, riza las pestañas y les da un brillo tentador. Fácil de retirar pero firme y resistente a la descomposición, así es esta verdadera varita mágica. Vale cada uno de los quince euros que cuesta.
...Y llegamos a los productos de alta perfumería. No he probado la mítica Diorshow y la verdad es que sueño con ella. ¿Habéis visto el goubillón de la Diorshow Extase? Parece el vestido de volantes de una bailarina en plena danza, por lo que me hace soñar con pestañas volátiles e infinitas.
Pero, volviendo a la realidad, la que sí conozco muy bien es Bad Gal Plum de Benefit. Tiene un precio razonable (21 euros) y deja unas pestañas limpias, muy bonitas y con un toque ciruela que aporta mucha luz. Lo que más me gusta de este rímel es que peina las pestañas de un modo cómodo y eficaz, y que nunca me ha manchado el párpado.
Y... ¿vosotras? ¿Cu´les son vuestras tres armas nfalibles? Con toda la libertad del mundo nomino a Tita Helen, Morgan y Kitty para que nos deleiten con su sabia experiencia.

27 de enero de 2011

Eyeko blush y Eyeko Fat balms: review

Gracias a Lapinturera he podido ampliar mis conocimientos prácticos de Eyeko... con tres productos buenos, bonitos y razonablemente baratos que Gadi aún no ha probado, por lo que faltan en la espléndida crónica que hizo de la marca londinense. En su día, Morgan y Miss Potingues ofrecieron reseñas de los fat balms... pero quería contaros mi experiencia.

Esta belleza se llama My coral crush y deja en las mejillas un halo rojizo nada mate pero carente de purpurina. El envase es "tripartito", es decir, dividido en tres compartimentos. En el reverso de la pastilla de color hay un espejo bastante útil y una diminuta brocha totalmente prescindible que yo he tirado sin más a la paelera. La cajita es de color gris acero y la tapa translúcida con el logo de la marca estampado: un dibujo en blanco y negro de una cara femenina, en la línea de la publicidad de Essence, por ejemplo. Comparado con otros productos de Eyeko, el envase de estos coloretes me ha parecido muy anodino, consecuente con su precio que no llega a los ocho euros.

El color, sin embargo, destaca y enamora. Con un solo brochazo conseguimos el deseado efecto "mañana de excursión en plena naturaleza", un rojo campesino y natural, dulce y ácido a un tiempo. Debemos saber, antes de comprarlo, que el tono del Coral Crush de Eyeko es mucho más rojizo que melocotón, pero su rubor recrea un rostro brillante, alegre y sano tras media hora de ejercicio, y eso es exactamente lo que según muchos maquilladores debería lograr un blush.
Los Fat Balms son una de las novedades más atractivas de esta firma. Se trata de barritas hidratantes que regalan brillo y color ligero a labios y mejillas. Hay que tener en cuenta que, en esta ocasión, "hidratante" significa "graso": el primer ingrediente de la lista es Castor oil, un aceite vegetal que en pieles sensibles es altamente comedogénico. Y le sigue una combinación de ceras y conservantes: cera carnauba, cera candelilla, cera de abejas, y en último lugar dos o tres parabenos distintos. ¿Por qué digo esto? Porque al menos a mí no me sirve como múltiple sino más bien como pintalabios grueso... pero a pieles muy secas o maduras puede aportar un extra de confort y brillo muy saludable.
Como bálsamos labiales con color son impagables: una maravilla permanente. Dejan el labio hidratado y trnslúcido, con un color vivo y húmedo: el efecto es como de haber comido caramelos durante horas. Pero cuando el brillo se apaga queda una base de color en la boca, por eso afirman en el blog "No sin mis labiales" que estas barritas están a caballo entre el bálsamo y el tinte labial.
Frosting fat balm es un rosa muy dulce, como de algodón de azúcar, y una de sus mejores bazas es el aroma que deja en los labios: como de pastel de azúcar glaseada.
Cherry fat balm huele a piruleta de corazón y tiñe la boca con ese mismo tono: un cereza muy dulce, un rojo con base rosada, brillante y dulce. Cuestan sobre los ocho euros: Como veis, Eyeko es algo más carillo que Nyx, Essence o Elf, pero vale la pena. Desde luego, los Fat balms son una gran inversión: ¡yo los quiero todos!

20 de enero de 2011

10 cosas que me revientan.

Gadi me ha nominado a un divertido Tag que originalmente se llama "10 cosas que me joden". Quiere que saque mis garras de mujer fatal. Le divertiría mucho saber lo que me enfada de veras... Y a mí me entusiasma el hecho de que se haya acordado de mí para nominarme, pero diez cosas me parecen demasiado. Además le he cambiado un poco el título, como Sara de Make up Te, porque la primera cosa que me fastidia muchísimo es... 1. ¡Las palabrotas! No puedo con ellas, señoras. Ni decirlas ni escucharlas y mucho menos escribirlas: es dolor físico en el ojo lo que me entra. Serán prejuicios de pequeño burguesa o manías de hobbit pija, pero no llevo bien escuchar a mi alrededor una nube de palabras gruesas, deglutidas al buen tuntún como quien masca chicle. Las únicas palabrotas que me gustan son las cretivas tipo Capitán Haddock (¡Bachibozuc! ¡Vendedor de alfombras!), y algunas que profiere Molinos del blog "Cosas que (me) pasan" cuando se indigna... y dice que la Aguilera se ha convertido en una Oligolérdica emputecida... ¡qué grande! Las que más me revientan son las que implican blasfemia o las que desprecian a la mujer, me sale el feminismo de los adentros y me pregunto... ¿porqué lo chupi guay es co*onudo y lo que es un auténtico muermo, un co*azo? 2. La gente mandona. Aquellos que mangonean a diestro y siniestro. Sobre todo me destrozan los que van de progresistas y, cuando llega la hora de la verdad, les sale Franco de lo más hondo de su ser. ¡Españoles! 3. Las etiquetas, sobre todo ideológicas. Me duele en lo más íntimo que me digan cosas como: "si eres tannn católica, ¿votarás al PP, no?" O cuando me defino como bohemia (y lo soy, mucho), que me respondan: "¿bohemia tú, si vas a misa entre semana?" ¡Por favor abre un poco tu mente! Otra que tal: el prefijo de moda "ultra" aplicado al catolicismo. Me pone mala. 4. La falta de libertad. La gente que practica el buenismo y nos quiere dar una lección sobre lo que es libertad y lo que no lo es. Esto a nivel gubernamental, (no fumes que es malo, no comas hamburguesas, ni se te ocurra salir a la calle si una cajita de Durex en el bolso, no podemos conducir por ti... porque si pudiéramos ya lo haríamos...) como a nivel personal: me cansa esa actitud de la gente que, ante un "no" rotundo, responde "bueno, ya veo que estás cansada o enfadada"... No, mira, no es que esté enfadada, es que no veo la situación igual que tú. 5. La mala educación de las personas que se definen como "francas" y que en realidad son cortantes, bruscas y hasta chabacanas. "Ante todo, sinceridad", dicen. No soporto la brusquedad, y lo que ya me pone enferma es que la autora de esta pose crea que su franqueza es el colmo del chic, el charme y el mega glamour.

6. Las peleas, las polémicas. Hay personas que disfrutan generando discusión (los trolls, sin ir más lejos, y también, aunque en una medida aceptable y hasta conveniente, los anónimos del tipo de Pepito Grillo.) A mí las peleas me crean un profundo malestar. Me gustan las discusiones al estilo inglés, chestertoniano. No me gusta salirme de madre, y no soy tan templada como quisiera. Por eso y porque me conozco, procuro por todos los medios zafarme de las polémicas.

Y... como no veo más cosas importantes que me molesten (bueno, sí, la droga, el terrorismo, el aborto y la frivolización del divorcio, pero eso no me fastidia sino que me ofende, preocupa y da miedo), las cuatro siguientes van a ser cosas materiales, "pequeñas chinchetas en la vida diaria" que hay que esquivar con garbo... 7. Los picos de las mesas cuando se cruzan en mi camino.

8. La gente que hace ruiditos con la boca. No lo soporto, es una manía auditiva. Masticar chiches, chasquear la lengua, sorber la sopa o besarse. De hecho lo que me molesta de las parejas que se comen recíprocamente en público no es la imagen incómoda de lascivia pública, ¡sino los chucuchucumuick tan sabrosísimos que producen! 9. Los largos semáforos rojos cuando hace calor y el sol quema mi piel. 10. ¡Madrugar!

19 de enero de 2011

Hydra life creme sorbet de Dior: review

Dedico este post a mis tíos Javier Caballero y Eva Fuentevilla: ¡los mejores "pajes" del mundo!
Hace exactamente trece días, Sus Majestades los Reyes Magos me regalaron la crema hidratante más cara, lujosa y adictiva que he tenido entre mis manos: la versión para pieles normales y mixtas de Hydra Life de Dior. Venía en un frasco azul de cristal, un tarro-joya de, diría, diseño arquitectónico: líneas puras y limpias que dejaban transpasar la luz... A la vista era una crema desbordante de luz, y ahora que mi piel la ha disfrutado puedo definirla "al tacto" con tres palabras: lujo, adicción, ¡éxtasis!

Dior ha reunido una serie de paradojas y las ha resuelto en una única crema: por un lado logra confort y ligereza a un tiempo, y por el otro abre a los cutis más problemáticos la puerta que conduce al paraíso de la textura crema gel. Un formato que, como ya he comentado en un par de ocasiones, suele ser engañoso en productos de gama media y baja. Siempre que me he acercado a la textura gel crema, atraída por su promesa de frescura y por su aspecto delicioso y tentador, he terminado convencida de que esos "false friends" contienen en su interior un cóctel de ingredientes comedogénicos.

El secreto suele estar en los principios activos... y esta crema sorbete cuenta con tres ingredientes de primera, cultivados según el prospecto en los jardines de Dior: el jisten de Uzbekistán, que funciona como hidratante; la centella de Madagascar, que estimula la producción de colágeno; y la rosa negra de Bretaña, que combate los radicales libres.

Me ha sorprendido y enamorado ver, tras la literatura más o menos barroca que habla de jardines y torrentes de juventud, la seriedad firme y desnuda de tres ingredientes espléndidos: nada sabía yo del Jisten (¡y de Uzbekistán!), pero la centella asiática y el estracto de rosa son cosas reales que sé que funcionan, que dan resultado. La textura es un sueño: huele a algo fresco y delicado, es ligeramente azul y tan jugosa que comprendes el porqué de la denominación "sorbete". Y, sin embargo, cunde e hidrata la piel como si del más denso mejunje estuviéramos hablando. Lo he usado durante casi dos semanas, mañana y noche. No he utilizado otra crema, tan sólo mi limpiadora habitual (la loción Cetaphil que se me ha terminado hoy), y unas gotas de gel de aloe por las noches.

¿Cómo ha respondido mi piel? La noto enriquecida, llena de agua: perfectamente hidratada. Se ha relajado la única línea de expresión que poseo, a la altura de la nariz. También la zona del contorno del ojo está menos tensa: esta crema puede ser usada en esa zona sin reacción adversa ninguna, y puede que no borre ojeras (que yo no tengo), pero desde luego actúa contra pequeñas línas que desde hace un par de años sí padezco. Por último, a pesar de que calmar la piel sensible no es su función, siento mi cutis menos rojo desde que la utilizo, y no me extraña: la rosa negra de bretaña no sólo es un potente antioxidante sino que apacigua poderosamente el rostro.

¿Cuál es el lado oscuro..? Ya os lo diré cuando se me acabe el precioso frasco y tenga que gastar la mitad de mi nómina para reponerlo...

16 de enero de 2011

La vida es un carnaval (look gamberro.)

Quiero dedicar esta entrada a Miss Potingues, autora de palabras muy sabias:
"Recordad que en el maquillaje hay mucho de juego y de fantasía. Ya está el mundo demasiado serio, potingueras",
...y de un look con labios verdes realmente original que ayer me impulsó a derrochar un par de horas gamberras frente al espejo de mi dormitorio. El reto estaba sobre la mesa, la suerte estaba echada: ¿sería yo capaz también de pintarme los labios de verde?

Por si acaso, comencé con algo suave: un rosa flúor coloreando toda la boca, y una pincelada de naranja flúor en el centro del labio inferior y el arco de Cupido. Encontré ambos pigmentos en la paleta ácida de Sleek Make Up, y los apliqué con el pincel de marta del Mercadona, que es plano, amplio y manejable, sobre una fina capa de bálsamo labial al cold cream de Avéne, que crea una barrera cremosa y algo blanquecina en el labio.

¿Lo usaría para salir a la calle? ¿Por qué no? Al fin y al cabo los colores rosa y naranja aplicados a esta zona de rostro son de lo más convencional y han estado muy de moda durante mucho tiempo: el único matiz original reside en la textura de polvos en vez de crema y en el toque ácido del tono. Me fascinó comprobar que la mezcla Rosa flúor + Naranja vitamina resulta en una especie de coral ácido delicioso y muy punk. Salí a comprar el pan con los labios encendidos y las vecinas me saludaron con buenos modales. Así que decidí arriesgar un poco más:

¡Labios-mostaza! Para este look recurrí a la sombra amarilla de la paleta Cool indigo eccentricity de Kiko, intensa pero cálida. La extendí con toques delicados sobre una base cremosa de color marrón topo: el jumbo Iced Mocca de Nyx. Para alegrar la parte central del labio apliqué unos golpes de colorete Style de Mac con el pincel en forma de lápiz de la misma firma. Y decidí darle un acabado jugoso con un poco de Carmex, porque al rosa ácido le va bien la textura empolvada, pero al mostaza le sienta mejor un ligero brillo. ¿Saldría a la calle con labios amarillos? Noooo...

Como ya me sentía plenamente inspirada, decidí acometer el "reto verde" utilizando mi sombra preferida de la mencionada paleta de Kiko: un verde esmeralda intenso y metálico. De nuevo acudí a la barra hidratante al Cold cream de Avéne para obtener confort, y alegré el interior de la boca con otra sombra de esa misma paleta: el vivo tono verde dorado que le sigue y que precede al amarillo cálido. Ignoro si algún día me atreveré a lucir el verde esmeralda como labial, pero si lo hiciera, lo que sé es que dejaría el resto del look desnudo, trabajando la piel para que apareciese jugosa e impecable, en los ojos sólo una pasada de rímel y en las uñas... ¡tono maquillaje!

14 de enero de 2011

Uñas desnudas... o de color rojo dulce

Durante las últimas temporadas los labios se han vestido de rojo o sencillamente se han desnudado: un binomio entre lo intenso y lo minimal que arrasa en las pasarelas y en las calles... sin terminar de convencer a algunas mujeres (como yo). Sin embargo, aplicada a la manicura, la dicotomía cambia, y se transforma en algo divertido, elegante, arrebatador.

A la hora de maquillar mis uñas no lo dudo: o todo, o nada. Uñas limpias, cortas y sin pintar o colores de cuento, como salidos de Las mil y una noches. Testigo de esto es la cajita de lata donde guardo mis esmaltes: de diseño retro y latón, regalada por mi madre en estas navidades, guarda dentro tarritos de color ciruela metalizada (China glazé), verde mar con burbujas de oro (Essence), o azul gris lluvia (Eyeko)...

Sin embargo había una ausencia entre mis lacas que quería solventar: a la hora de hacerme una manicura "para diario" nunca sabía qué color escoger. Tenía ganas de probar un tono maquillaje, como el nuevo de Blanco Beauty que reseñaron en Globulinas de colores... Por supuesto, no lo encontré, aunque ahora, a pesar de lo preciso que era ese tono, me alegro... porque Iru nos cuenta en su blog que la calidad de estos esmaltes es sencillamente Cero.
... Y además he encontrado un tono maquillaje más bonito aún: el Beige sophistique de la línea "Efecto uñas postizas" de Bourjois. Satinado, cremoso y facilísimo de aplicar, su pincel en forma de abanico se abre cubriendo toda la uña. El resultado es un color limpio, un beige crema con toques dorados que lleva unos cinco días aguantando impecable en mis manos.
Y si no nos atrevemos con un rojo clásico, siempre podemos acudir de nuevo al matiz dulce: este tono manzana de caramelo pertenece a los mini esmaltes de Maybelline y se llama precisamente así, "candy apple". Es brillante y liso, y me recuerda a los dulces rojos y redondos de las ferias, envueltos en papel de celofán acharolado.

12 de enero de 2011

REBAJAS EN GEA

Ayer estuve hablando con Luisa, la dueña de la tienda de cosmética natural GEA, y me dijo que en su rinconcito artesano es tiempo de rebajas. En el blog que sus hijas han abierto encontré este práctico calendario: resulta que cada dos días, de par en par, van a poner patas arriba toda la tienda: ¡todos los productos al 20%!
Estaba pensando en daros algunas ideas para comprar verdaderas joyas con una rebaja muy jugosa. Sólo voy a hablar de lo que he probado o, al menos, visto y olido.
Quiero dejar claro que no cobro comisión ni en GEA ni en ninguna otra marca: este blog no tiene afán de lucro, y lo único que su dueña ha conseguido gratis fueron tres espectaculares productos de Kenzoki que Alejandra, entonces relaciones públicas de la casa japonesa, le envió. También Luisa me ha regalado un aluvión de muestras en cada visita, pero ésa suele ser su generosidad habitual con el cliente.
¡Vamos al lío!
Hoy y mañana veréis rebajada la línea de baño: no he probado sus geles corporales porque a mí me gusta alternar el Moussel de toda la vida con el de chocolate y naranjas de I love..., pero en cambio os sugiero que hagáis uso y abuso de las pastillas de jabón que vende GEA: son deliciosos y eficaces. En concreto me entusiasma la de aloe vera de Prisma natural para el rostro, de la que ya hice una review. Y ayer estuve mirando una de caléndula para la higiene íntima que huele a jabón de tocador vintage...
Entre el 14 y el 18 de enero hay rebajas en los productos Weleda... ¡qué lujo! Os recomiendo encarecidamente el aceite corporal de granada, hidrata la piel aportando elasticidad, brillo, ¡hermosura! y un aroma que permenece durante toda la jornada y que desata los sentidos: fresco y cítrico en el comienzo con una partida de bergamota, se va haciendo más carnoso, cremoso y sensual en cuanto pasa el tiempo, como una fruta oriental. Tampoco podéis perderos la crema regeneradora de noche de granada, lleno de antioxidantes procedentes de ese fruto: he podido ver sus resultados en la piel de mi madre durante esta navidad, y deja un rostro sereno, nutrido, luminoso.
El 21 y el 22 de enero son dos días importantísimos: ¡en ellos podremos conseguir los productos de Essential´aroms rebajados! Reconozco que estoy absolutamente enamorada de esta marca, que ofrece tónicos naturales y maravillosos. Por quince euros tenéis agua floral de rosas, de lavanda o de manzanilla romana cien por cien pura. Y una crema natural "base" que es un canto a la suavidad: está formulada para mezclarla con cualquier aceite esencial, pero por sí misma es una estupenda crema, a base de aceite de almendras dulces, jugo de aloe vera y cera de arroz. Utilicé una muestra por varios días y sé de lo que estoy hablando: ¡de suavidad sobrenatural en la piel!
El mes finaliza con tres días dedicados a la línea de bebé de Weleda: en ellos probaré por fin la mítica crema de caléndula... y promero contaros todo, todo y todo.

10 de enero de 2011

TOP FIVE XMAS

Ahora que han acabado "de verdad" las Navidades (ayer se cerró el tiempo litúrgico y hoy he regresado al Sur), es el momento de recordar los cinco hallazgos cosméticos que han brillado en mi rostro durante el tiempo de vacaciones... El listón estaba muy alto: necesitaba productos realmente buenos porque llegué a Nochebuena con la piel estresada y con una isla de granitos rojos en la mejilla derecha, esa nube que aparece siempre como una luz roja de alerta que grita: ¡eh, tú, cuida un poco lo que untas en mi superficie! Y, cuando eso ocurre, sólo existen dos soluciones... aloe vera por la mañana y mascarilla relajante por la noche. Reconozco que durante este último mes he hecho un uso (y abuso) un tanto heterodoxo de la mascarilla de Dulce de Nube de Kenzoki, que ha calmado y suavizado mi piel sensible..., pero lo que en verdad ha apaciguado mi nube roja ha sido el

1. Gel puro de aloe vera "Nueva Antiqua".

Me costó doce euros en la tienda de la calle Portales (Logroño), aunque también podéis comprarlo on line. Recogen la pulpa de aloe vera en Lanzarote y la envasan pura, sin aditivos. Y eso se nota en su frescor, en su aroma verde pèro neutro y en sus resultados: una piel saneada y controlada desde la primera aplicación. Debo aclarar que, al contrario de lo que se piensa, la hidratación no es el fin principal del gel de aloe vera. O, dicho de otro modo: a no ser que tu cutis sea híper graso, se te quedará corto de hidratación porque no está indicado para eso, sino para regular el nivel de grasa y las irritaciones de la piel. En mi caso era lo que yo necesitaba, aunque quizás no habría funcionado tan bien si no lo hubiera combinado con el

2. Agua de Musgo de Secretos del Agua.

La compré en Madrid, en el salón de belleza Claudia di Paolo (c/ Jorge Juan), después de leer maravillas sobre la marca en la red. Es un producto algo más denso que un tónico y algo menos espeso que un sérum. Sus ingredientes no sólo son impecables, como corresponde a una firma bío, sino que además son fascinantes: al aloe barbadensis, la glicerina y la caléndula, cuyas propiedades conocemos bien, se le unen estracto de zaragatona (planta que regula el azúcar y el colesterol), coción de polypodium (antioxidante), de lino (calmante), y de enebro (regenerador de la piel.) Por último contiene también lúpulo (protector). La lista es apabullante: es cierto que al final aparecen el "parfum" y el "metilparabén", pero sinceramente... yo se lo perdono. Aunque sea sólo por el olor tan natural que desprende, como a campo, por su textura acuosa o por cómo calma las tiranteces producidas por la calefacción. Su precio es 27 euros, pero son 125 mililitros que cunden una eternidad.

3. Leche hidratante corporal de la línea de vinoterapia de "Nueva Antiqua". Cuando fui a comprar el gel de aloe y el Agua Frutal de Uva (colonia fresca de la que haré una crítica dentro de poco), me dieron un par de muestras de esta crema corporal, que el vendedor llama cariñosamente "la mayonesa" porque tiene ese aspecto: blanquecino y cremoso aunque ligero. He estado usando los dos sobres durante quince días y, aunque ahora regreso con placer a mi manteca de limón dulce de TBS, debo decir que me ha sorprendido y convencido. Aporta una hidratación profunda sin engrasar lo más mínimo, deja un suave olor a bodega en el cuerpo y cuenta con ingredientes buenos, malos y regulares: parafinum liquidum y propylene glicol, sí, pero también urea en primer lugar, y aceite e infusión de vitis vinifera que aportan a la piel antioxidantes frescos.

4. Línea capilar de arándano de The Body Shop.

Al fin he encontrado el champú ideal, mi media naranja: los productos de esta gama no llevan siliconas, parabenos ni sulfatos, pero sí contienen aceite de lino y estracto de arándano, ingredientes naturales que hidratan y aportan brillo intenso a mi difícil melena. El champú y el spray protector huelen a esos trocitos de arándano confitado que solían coronar las tortitas de mi niñez, en las primeras ocasiones en que merendé en el vips con mia amigas. Conseguí un pack de cuatro botes de 60 ml cada uno por doce euros.

5. Y en cuanto al maquillaje... base líquida de Max Factor, colorete Style de Mac y sombra mineral de Kiko, Colour Sphere en el tono 40.

Esta última se ha convertido en una de mis sombras de ojos preferidas: es intensa, pigmentada y sedosa, fácil de deslizar incluso con la yema de los dedos, y confiere a la mirada un halo de misterio y profundidad muy bonito. Cuesta, como todas las sombras mineralizadas de Kiko, seis euros con noventa céntimos. Basta con aclarar el arco de la ceja con un pigmento radiante y aplicar abundante rímel en las pestañas para llenar los ojos de luz... aunque tampoco vendría nada mal peinar y maquillar un poco mejor las cejas, Adaldrida.

7 de enero de 2011

Mis mejores Reyes

Mi primer regalo de Reyes lo tengo que agradecer a todos los que me leen: ¡he subido diez puestos en el ránking Wikio! Hasta ahora ocupaba del número 23, y ayer, al abrir el blog, mis ojos atónitos contemplaron que... ¡estoy en el número 13! Gracias, gracias y gracias.

En el plano material (que, tratándose de la Noche de Reyes, nunca es pura materia sino magia, sorpresa e ilusión, como bien cuenta Molinos en su blog), Sus Majestades se han portado conmigo como nunca... ¡regalándome cremitas y maquillaje! En primer lugar, el perfume de té verde de Roger & Gallet del que ya hablé aquí, y la lujosa crema Hydra life creme sorbet pro jeneuse de Dior, de la que haré una crítica detallada. En segundo lugar... ¡un guarda pinceles! ¡Por fin! ... Bueno, lo venden como "guarda mandos", vaya vulgaridad, y encima fue un accidente... iba dedicado a otra de mis tías, pero la autora del regalo vio tal ilusión en mis ojos que decidió dejar el despiste en su sitio: a mi otra tía le gustó mucho el joyerito que estaba destinado a mí, y yo... ¡soy feliz con mi guarda pinceles!

Otro de los regalos de mi vida: un lote de maquillaje de Korres que incluía base fluida de rosa salvaje, de larga duración, efecto luminoso y spf 20 (además de ser libre de fragancia, aceite mineral y propylene glicol), unos polvos compactos compañeros y una sombra de ojos en tono "base"...

Así queda la preciosa sombra en mis ojos: a caballo entre el nude y el tono piedra, discreta pero luminosa, con una pasada de rímel deja un ojo limpio y abierto, muy de mañanas radiantes...

El maquillaje líquido es demasiado brillante y amarillo para mí, y quizás demasiado hidratante: pero brillará menos bajo una pincelada muy suave del polvo compacto. Tanto la base fluida como los polvos tiran hacia el amarillo por lo que si deseo utilizarlos en invierno debo difuminarlos muy bien con la suavísima kabuki de L´Occitane. Aún así este tono, que es el P4, me quedará mejor en primavera.

¿Y vosotras? ¿Qué habéis recibido?