30 de agosto de 2011

Bésame mucho: hoy, Essence. (Look Batido de fresa.)

Hay sabores de la infancia que siempre vuelven a nosotros: son teletransportadores supersónicos que nos devuelven a la niñez en cuestión de segundos: como la música, como una buena canción de los años ochenta, como Jason Donovan y Kylie Minogue fundiéndose en un abrazo que ha quedado grabado en mi retina. El sabor de la nocilla o de la cocacola cumplen esa función: son "despertadores de recuerdos". Y también lo es el lácteo, dulce y espumoso batido de fresa. Era una bebida de tardes en el parque, de domingos, de fiesta. Recuerdo los veranos en los que la nevera se llenaba de botellas de litro de color rosado, marca RAM.

El año pasado me inspiré en este delicioso batido para crear unos labios cremosos de un color fresa pálido... Lo hice maquillando mi boca con un perfilador de mina blanda de Essence, en el tono Sweet cherry: un color guinda tornasolado, y cubriendo con un gloss desnudo-casi-blanco de Mac, el Underage.

Hoy vuelvo a intentarlo...

Hace unos meses Miss Potingues fue tan generosa como para enviarme tres brillos de labios Stay with me de Essence. A pesar de que el brillo labial no suele ser santo de mi devoción, éstos me chiflaron a primera vista o al primer tacto. Son mucho más densos y duraderos que el gloss tradicional, y nada pegajosos. Tienen un aplicador de silicona recubierto de "esponjita" y con una forma lobulada muy agradable, ya que la hendidura del pincel alcanza el centro del labio y lo cubre en una pasada.
De los tres, mi preferido sin duda fue "My favourite milkshade", un tono batido de fresa muy favorecedor y perfecto para emular el color de mi infancia...
Mis nuevos labios de "batido de fresa" quedan así, y son también fruto de la mezcla entre un lápiz de mina blanda y un brillo de labios. El gloss, My favourite Milkshade, se fundió suavemente sobre una base... ¡blanca!
...Sí, decidí usar el lápiz blanco de Korres no sólo para abrir la mirada sino para blanquear los labios y perfilarlos suavemente. Sé que otras marcas poseen buenísimos delineadores blancos (Clinique, por ejemplo, fue la que eligió Olmo Longarmo en aquella inolvidable sesión de maquillaje), pero ninguno tan cremoso como el de Korres, que puede ser utilizado en la línea de agua sin daño alguno... ¡y en la boca!
En esta ocasión invertí los términos que había ordenado la primera vez: en lugar de usar delineador fresa y cubrirlo con gloss pálido, perfilé y rellené los labios con el blanco y a continuación apliqué un par de capas de gloss de color fresa tenue... Lo cual refuerza la idea de cremosidad que quería dar al resultado, aunque palidece un poco más que el original, que además posee un brillo más propio del vinilo...
El resto del look consiste en una piel con un toque igualmente cremoso, logrado con la BB Cream de Erborian, el iluminador Laguna de Nars y el labial mate nº1 de Deliplús como colorete muy difuminado (para conseguir un rubor rosa crema.) Y, en los ojos, una sombra clara, luminosa e irisada en párpado fijo y móvil, máscara de pestañas marrón de Dior y, por supuesto, el lápiz blanco de Korres a ras de pestañas inferiores, por fuera y por dentro del ojo, así como en el lagrimal.
¿Os gusta el batido de fresa? ¿Os recuerda vuestra niñez, como a mí me sucede?

27 de agosto de 2011

¡Cielos, mis joyas! (No salgo de casa sin ellas.)

Es éste un apartado de las revistas llamadas "de mujer" que saca de mis adentros la pija que hay en mí. Esos encantadores reportajes a todo color en los que la actriz, cantante, presentadora, socialité de turno "desnuda" su armario y su alma a pares ante nuestros ojos, y al hilo de los manolos, trajes vintage y sombreros que atesora su vestidor nos habla de su relajada vida veraniega, sus caprichos otoñales y sus opulentos rituales de belleza. En especial me gusta cuando se ponen a hablar de cremas... y de joyas. Yo no soy ninguna it girl, me falta fama y me sobran kilos, pero hoy siento que el glamour corre por mis venas y quiero mostraros las joyas que nunca me quito, respondiendo a esa dorada pregunta: "nunca salgo de casa sin..." El verano no es buen momento para lucir joyas, pero hay dos que me resisto a no llevar conmigo. No salgo de casa sin...

¡Un anillo de perla! es el complemento ideal de una dama. Las perlas prestan a la piel una luz especial: en forma de pendientes destacan el óvalo del rostro como iluminado por la luz de las velas; engarzado en un largo collar nos regala un halo de felices años veinte, muy "lady like"... pero yo siempre he preferido una sortija. Los anillos son mi perdición. Sobre todo, "este" anillo: es de oro amarillo con perla japonesa, y es antiguo. Me lo regaló mi abuelo al despedirse de mí. Por eso no me separo de él: mandé que lo agrandasen un par de tallas en una buena joyería de Logroño y lo llevo siempre en mi mano izquierda.

En esta fotografía se puede ver el trabajo de filigrana del engarce, una maravilla vintage que realza el brillo de la perla. Sólo me lo quito para fregar la vajilla, porque dicen que este tipo de perlas suelen despegarse con el agua...

...Y mi segunda joya fetiche es una medalla de plata de "Virgencita", firmada por Distroller, que compré en una platería en Logroño el mismo día que cobré mi primer salario. Conocí esta tierna y divertida casa mexicana gracias a la dulce Claudia, de Cremitas perfumadas, que nos enseñó una preciosa paleta "guadalupana" que sacó al mercado Pupa en colaboración con Distroller. Como católica que soy, las medallas de la Virgen me son familiares y queridas, y más después del viaje a España de Benedicto XVI, que no ha dejado indiferente ni siquiera a Pedro Jota, y que ha dejado a su paso escenas tan emocionantes como ésta. Pero como también soy hedonista, y creo firmemente en que a Dios se llega a través de la belleza, no podría colgar de mi cuello otra medalla que no fuera tan encantadora como esta. De plata negra, envejecida, con preciosos relieves y la imagen de una Guadalupe de rasgos aniñados, es lo suficientemente informal como para llevarla a diario conmigo, y es al mismo tiempo un complemento bello que realza el escote de cualquier vestido de verano.

A Dios también se llega por el sentido del humor, como lo hizo Santo Tomás Moro... En el envés de o un ruego muy peculiar: "Virgencita, hazme el milagrito y bájame unos kilitos". Lo cual resulta muy, muy acertado.

24 de agosto de 2011

Una sombra dorada, dos looks: Oro a dos bandas/ Oro y olivas

No es amor, no es amor, es una obsesión...

Ya me dijo una vez mi amigo Lord Scutum que el color que me definía era el oro viejo, ese tono pálido y centelleante de los bordados antiguos, de los tapices medievales, de las puestas añejas de sol, de la luz de vela...

"Háztelo mirar", me dirían algunos, porque últimamente raya en obsesión... Pero compréndanme: quería probar las delicadas y espectaculares sombras "cocidas" de Essence, que al imbatible precio de 2,49 euros y bajo el sugestivo nombre de "Colour & Shine" me hacían guiños desde el mueble expositor, y ¿en cuál de ellas puse mis ojos? ¿Adivinan?

¡Sííí! Colour & Shine de Essence en el tono 2, Stage Beauty: un dorado con reflejos bronces

Este mítico formato, un poco abombado y de polvo cocido en el que se distinguen vetas de diferentes tonalidades, es el que poseen las sombras minerales de Mac o las conocidas Colour Spheres de Kiko. A simple vista no pigmentan gran cosa, pero guardan un secreto en su interior: para dar lo mejor de sí mismas deben ser trabajadas en húmedo, con un pincel ligeramente mojado. Haciéndolo así, conseguimos un deslumbrante dorado que vacila entre el subtono bronce y el amarillo, que brilla muchísimo y cuyo destello no se apaga con el paso de las horas: la duración de esta sombra es formidable.

Para celebrar el estreno de tan provechosa compra, os ofrezco dos looks fotografiados de una forma decente por la cámara de mi Sansung: al primer look lo llamaré Oro a dos bandas, y al segundo, Oro y olivas.

Ésta es la prueba empírica de que las tonalidades doradas iluminan nuestro rostro y nuestros ojos sin necesidad de ningún artificio añadido. Se trata de un sencillo look en el que, dejando aparte la base de maquillaje que se logró mezclando la BB Cream au Ginseng de Herborian con el iluminador Laguna de Nars, sólo han hecho falta dos productos: el labial naranja de Lime Crime aplicado en varias capas y con una pasada final de tissue para potenciar el color y volverlo casi mate, y la sombra que nos ocupa... aplicada generosamente en ojos y mejillas. A toques en el centro del pómulo, recrea un rubor dorado muy veraniego; y tiñendo párpado móvil y banana, enciende la mirada en solitario: no le sumé ni máscara de pestañas ni delineador. La pura fuerza dorada de su belleza, ¡y nada más!

Y este es un look algo más sofisticado, en el que mezclo dos sombras de ojos, aplico rímel a conciencia y extiendo el oro por el lagrimal y el párpado inferior a modo de "halo". Para este look dejé desnuda la boca, aplicando un labial melocotón y besando luego un pañuelo; cubrí mi piel con la base imprescindible sólo donde lo creí necesario, sonrojé levemente las mejillas con el colorete Luster de Nars..., y me centré en potenciar los ojos con la sombra dorada de Essence, comenzando por el lagrimal. El pincel húmedo se fue deslizando por la esquina interna del párpado, por la cuenca y por la zona cercana ya a las cejas, para bajar luego y bordear el párpado inferior, a ras de pestañas.

En el párpado móvil, en cambio, apliqué el magnético Sumptuose olive de Mac, un tono verde oliva con un matiz dorado de fondo. Apenas hizo falta integrar las dos sombras, dada la sintonía del matiz. Y teñí las pestañas con doble capa de máscara marrón Diorshow.

¡Cuánto partido se puede sacar de una sombra dorada!

21 de agosto de 2011

Bienvenidas a Eldorado

Acabo de comprar la revista In Style del mes de septiembre en un puesto de periódicos de Zarautz: ¿existe algo más chic que leer mi publicación de moda favorita frente al mar, con un camarero guapísimo sirviéndome una banderilla picante bautizada con el glamuroso nombre de Gilda...?
Sí, existe una única cosa más cool que mi vermouth de medio día, y es inundar nuestros párpados con una gran ola dorada... Es lo que sucederá en septiembre, anuncia In Style, cuando L´Oreal París saque al mercado su preciosa colección L´Or, l´Or, l´Or, diseñada por el nuevo make up artist Karim Rahman para el festival de Cannes. Sombras de ojos doradas, barras de labios con el metal precioso como base... ¿quién puede esperar a que llegue el otoño?
El dorado ha sido siempre uno de mis tonos preferidos para vestir mis ojos: un color versátil que encierra mil tonalidades distintas y que ilumina tanto los meses del verano como los del otoño... Y mientras aguardamos la llegada de septiembre, os ofrezco mis cinco oros preferidos. En el sentido de las agujas del reloj:

Collage creado para Makimarujeos por la dulce Claudia R.

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1.- Sombra Etrusque de Nars: pertenece a la colección de otoño-invierno del pasado año, pero el señor Nars tuvo la genial idea de dejarla fija en su impresionante colección permanente. Es un dorado claro, alegre y lleno de pailletes, con un fuerte subtono amarillo. La llevo en esta foto, y ni siquiera unas cejas tan criminalmente salvajes como las que gastaba entonces consiguieron apagar su brillo.

2.- Sombra Woodwinked de Mac: fue un regalo recíproco que nos hicimos la bloguera Sponjita y yo, en un mítico viaje al universo Mac que perpetramos el día que nos conocimos. En seguida se convirtió en mi segundo imprescindible de la marca, junto a la conocidísima Satin Taupe. Es un oro viejo espectacular, brillante y algo oscuro, como una sombra envejecida. La llevé en este look que titulé "a la luz de la vela"...

3.- Sombra 382 de Art Deco: un color tierra dorada muy discreto pero que, como unos toques de glitter de 24 kilates, ilumina cualquier mirada. Lo adquirí hace poco en Douglas y puedo asegurar que es un todoterreno, un básico para diario... y una buena base para construir un look de fiesta.

4.- Sombra Hydro powder de Shiseido, en el tono H1 Goldlights: un dorado sereno, claro, cremoso y muy elegante. Las sombras en crema de esta casa japonesa son las mejores que existen, porque son jugosas pero duran en la piel, como un tatuaje radiante de color.

5.- Y, en el centro, el preciosísimo pigmento Old Gold de Mac: el dorado objeto de mis deseos. Una sombra en polvo suelto de intenso color dorado viejo con un precioso tornasol que vira a tonalidades verdes y amarillentas. Puedo prometer y prometo que algún día no muy lejano será mío...

La arena es dorada, dorada es también la sidra que ofrecen en estas tierras. Dorado es el verano que pronto terminará, pero... gracias a L´Oreal el otoño será también chispeante, ¡radiantemente dorado!