11 de noviembre de 2015

Empecé a maquillarme en París (I)

Comienzo con este post una serie de crónicas sobre París, mi ciudad europea favorita... Tan favorita que, pese a conocerla bien y haberla visitado en varias ocasiones, es el lugar que escogería para mi luna de miel.
Hoy os voy a hablar de mi primera visión de esta hermosa ciudad, que fue bonita y difícil (sí, como una historia de amor). Porque lo nuestro no fue un flechazo a primera vista, sino un lento enamoramiento con un personaje secundario muy especial: el maquillaje, que me salvó en los instantes de sombra, y es que es en París donde yo empecé a maquillarme.


...Hasta en la funda de mi móvil está París


Viví en París durante todo un curso escolar, Primero de BUP.
Mis padres consiguieron un año sabático, sobre el papel ese viaje en familia era un sueño, pero yo era una adolescente cabezota y no quería ir. De hecho me empeñé en no aprender francés, y no lo aprendí (sí, matadme en los comentarios.)
Además me inscribieron en el Lycée spagnol, un instituto que impartía clases en castellano y en el que reinaba un ambiente tremebundo. En el año que estudié allí, hubo robos, hubo drogas, hubo sexo explícito y hubo peleas con puñetazos y rodadas por el suelo de plástico verde vómito que nunca olvidaré.
Y todo eso lo vieron estos ojos míos: imaginad a la chiquilla más ingenua del mundo, ésa a la que ya en el tercer día de clase bautizaron sus compañeros con el mote de "la virgen perpetua" porque se atrevió a decir que ni había tenido ni pensaba tener experiencia sexual. Pues ahora vislumbrad la escena en la que, mañana tras mañana, llegaba la limpiadora al aula y nos decía: "chicos, ¿cuántas veces os tengo que repetir que no cojáis los condones de la papelera, que ya están usados?"
Comprended que para mí, París era el infierno de lunes a viernes. Pero luego llegaba el sábado y nos íbamos a Versalles. al Louvre, ¡a Sephora!: fin de semana tras fin de semana, aprendí a enamorarme de la ciudad.


Publicidad de Sephora en París

Incluso la parte mala, la vivencia dura, tuvo sus buenas consecuencias: maduré.
Descubrí las diferencias. Descubrí mis propias creencias y me aferré a ellas, pero sabiendo ya que no eran las únicas. Me nació la conciencia social al conocer a una chica polaca que, justo en el pupitre de al lado, era tan pobre que no podía comer. Literal. Eso me tuvo sin dormir varias noches, y cuando mi madre me preguntó le dije... "mamá, es que no es Bosnia, ni Somalia... ¡es a mi lado! ¡A mi lado una chica pasa verdadera hambre!" Y nos involucramos y al final supimos que aquella niña llamada Ewa Kaniowska terminó en la Universidad: nos lo dijo la jefa de la cantina del liceo, a la que pedimos que cuidara cuando nos marchamos.
Y descubrí Sephora, que no había llegado aún a España. Y descubrí el rímel, de la mano de "Un coup de théatre" de Bourjois, y el rouge melocotón, de la mano de la barra de labios "Par la vie", también de Bourjois. Y descubrí que el simple gesto de pintarse labios y pestañas te hace sentir poderosa, te hace crecer. Y para dejar de ser ingenua, intransigente o influenciable, para que no me pisaran pero también para aprender a no pisar..., casi como un gesto de supervivencia, comencé a maquillarme en París.

21 comentarios:

  1. Menuda experiencia! Yo tuve durante años una imagen algo equivocada de la ciudad, destartalada, grande y gris. Hasta este verano, que pude volver a apreciarla, recorrerla mejor y sumergirme. Y ya se queda como uno de mis lugares favoritos para siempre. Me ha encantado tu historia de amor con la capital gala! Besos.

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  2. Bonita historia...bonita y dura, ojo. Ni sospechaba que hubiera ese ambiente en los liceos, siempre pensé que eran más "exclusivos", por así decirlo.
    Un besazo!

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    1. El de París en esa época (92/93) era fuertecito. Había muchas diferencias sociales, hijos de diplomáticos, hijos de emigrantes, nietos de exiliados y mucha intolerancia por todas partes. ¡Y mucho destape!

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  3. Creo que es el mejor post que has escrito hasta la fecha. Duro, pero también muy bonito. Yo aún no tengo la suerte de conocer París, pero bueno, todo llega en esta vida. besos

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  4. Precioso relato. París da para tanto...
    A mi me decepcionó la primera vez que fui, pero después aprendí a entender la belleza que esconde esa frialdad que parece tener.
    Momentos duros los hemos tenido todos, sobre todo, en la adolescencia, es la etapa en la que cada cual se define y en la que las cosas nos parecen más intensas y graves (que no digo que no fueran situaciones de esperpento algunas de las que viviste, pero hay que relativizar)

    Quiero el capítulo 2, y el 3, y todos.
    Besos!

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    1. Uy, respecto a lo de relativizar, estoy de acuerdo contigo en que ahora lo viviría de otra manera, con otra percepción, pero los hechos fueron como los cuento o incluso peores, tengo recuerdos como para una novela. Como muestra, una compañera era hija del dueño de un puticlub y a veces dormía al raso porque rellenaban la cerradura de su casa con chicle. Un compañero se enrolló con todas las chicas de la clase salvo con la novia de su hermano y conmigo :)
      Dentro de poco, segundo capítulo que será sobre mis siguientes visitas a la ciudad. Y el tercero, sobre recomendaciones para un fin de semana en París.

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    2. ¿Qué tiene de malo enrollarse con todas las chicas de clase? Si era consensuado por ambas partes no logro ver dónde está el problema.

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    3. Consensuado es, pero implica cuernos múltiples y rencillas que enrarecen el ambiente entre compañeras. Y hay cosas que no son malas pero pertenecen al ámbito privado, y allí todo era muy público. No me parece normal haber visto el inicio del acto sexual entre dos compañeros, sin más.

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  5. Que bonita historia, pero no era sólo así en Francia, se de institutos en esa época que aquí eran tela marinera también

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  6. Hola. coincido contigo en que París es una ciudad maravillosa. Este relato me engancha desde el primer momento. Seguimos en contacto

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  7. Historia dura y encima en plena adolescencia, me alegra que Paris te ayudara a descubrirte, a ser lo que eres hoy. Aunque no aprendieras francés no pasa nada aprendiste otras cosas, a ser tú misma.
    Un beso.

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  8. Vaya instituto...que agobio ir cada día. Aunque creo que vivir en París compensa (casi) todo. Me encanta, desde siempre, muchos cuadros de mi casa son fotos de París. Y allí mi marido (de aquella novio) me pidió qué me casará con él, a orillas del Sena, con la torre Eiffel a la espalda. Fueron los mejores días de mi vida.

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  9. Me ha encantado la historia, aunque como dicen las chicas, es una historia dura. No tenía ni idea de que los liceos franceses fueran así (y yo que me quejaba de los institutos en España!). Me alegro mucho de que, a pesar de todo, lograras aprovechar todo lo positivo que París podía ofrecerte.
    Besos!

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  10. Siempre he querido ir a Paris! :P
    Besos

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  11. Maaaaadre mía, qué tenías? 14 o 15 años, no? Creo que somos de la misma quinta, así que sí, muy fuerte lo que cuentas. Respecto a las penurias por desgracia no quedan tan lejos. Tengo una amiga trabajando en un instituto aquí en Barcelona y de vez en cuando se lleva paquetes de galletas que reparte en el patio porque tiene alumnos que no desayunan. Hoy, en una sociedad "avanzada" en pleno siglo XXI. Muy triste.

    Y de París, pues es una ciudad mágica, de las que no se agotan vayas las veces que vayas.
    Un besote preciosa!
    Lorena

    www.lorenavalera.com

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  12. Gran post. Tendrías 13 ó 14 años. A esa edad comencé a maquillarme yo también, ¡mal!, pero con alegría... Esas cajitas de polvos de Maderas... Una pregunta algo indiscreta: ¿te dejaban pintarte tus padres? A mí sí, pero recuerdo a mis compañeras que salían de casa derechas a maquillarse en el baño de las salas de máquinas (algo también muy de la época...) Besos. Carmen.

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    1. Tenía catorce quince, Carmen. Sí, me dejaban pero mi madre no estaba muy de acuerdo con mis labiales que eran mates y neones, según ella de fulana :)

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    2. ¡yo también empecé con una polvera de Maderas! Y con lápiz de ojos gris.

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  13. Yo trece catorce, cumplo en diciembre y siempre era la pequeña de clase. ¡Mates y neones! Tú eras una rompedora... Me encanta compartir esta experiencia. Yo de hecho solo me daba polvos y labiales, y alguna vez un poco de eyeliner. Tropecé con apreciaciones semejantes de mi madre, muy partidaria del beige y el marrón (hoy nude), pero por poco tiempo, porque tuvo que reconocer que esos colores me hacían parecer Morticia, y sin embargo el bermellón o el fucsia me quedaban, curiosamente, mucho más naturales... En fin, un placer que nos cuentes esto. Seguramente algunas me matarían por decir esto, pero para mí comenzar a maquillarme fue algo absolutamente crucial en mi vida.

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  14. Me ha encantado, descubrir la realidad de golpe y en París, así quisiera yo...

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  15. Lo de los condones de la basura me ha matado... y desgraciadamente sí, la necesidad está siempre más cerca de lo que pensamos. Yo empecé con 14 y a mi padre, aunque llevara pintalabios claritos, le mataba, hasta me hacía limpiarme los labios de labial en público. Le costó mucho. Y lo de las lacas de uñas de colores ni te cuento, y mi madre de mediadora... cómo cambian las cosas.

    Me gusta que a pesar de lo vivido, buscases tiempo para tener una relación bonita con Paris y crearte recuerdos hermosos.

    Besotes

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