En Madrid hay una calle que todas conocemos y amamos: Fuencarral.
Fuencarral es la calle de los deseos cumplidos, del amor a primera vista y a primer olfato, de los sueños a medio vestir.
Fuencarral tiene dos zonas bien delimitadas: una cosmopolita, amplia, con escaparates de relumbre, y árboles, y vida, es la que va de la poética glorieta de Quevedo hasta Tribunal. De Tribunal parte (y va a morir a la Gran vía), el Fuencarral recóndito, alternativo y recientemente peatonalizado. Una calle estrecha de andamios vacilantes, mercadillos y olor a hierbas prohibidas.
Pero también huele a jabones gracias a Lush, y cuenta con tiendas tan inolvidables como Korres, Fossil y Muji.
..Y Kiehls.
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| Una cierto sabor familiar... |
Sólo había entrado una vez en esta tienda con fachada de farmacia vintage, y fue
para comprar un bálsamo de labios con color, que era lo más barato que ofrecía la firma. Pero en mi viaje relámpago a Madrid quise aprovechar la rebaja que Kiehls ha anunciado en sus tiendas de forma permanente (un 30% en algunos de sus productos más famosos), y comprar el tan alabado champú de aminoácidos.
Impresiona ver tantos tarros alineados en anaqueles como de botica antigua. Impresiona ver, flotando suavemente sobre nuestras cabezas, una preciosa lámpara de cristal idéntica a las valiosas "arañas" que atesoraba una de mis tías bisabuelas. Lo que ya no me impresionó tanto fue el trato exquisito y la profusión de muestras que recibí por parte de las chicas, porque lo recordaba y sé que es el sello de la casa.
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| Mi compra en Kiehls |
A mi madre le impresionó verme pedir un champú de aminoácidos como quien pide pasta dentífrica... le pareció una "petición muy profesional" .
Yo había oído hablar de este champú como un superventas de la marca, y dado que estoy a la caza y captura de champús algo especiales y libres de siliconas que hagan una buena terna cono mi amada mascarilla de Aussie, me arriesgué.
Lo he utilizado en dos ocasiones, solo, sin el milagroso bálsamo australiano "encima"... y puedo decir que son los dieciocho euros mejor invertidos en los últimos meses.
Los aminoácidos resultaron ser
proteinas de trigo, que hidratan y nutren el cabello dándole cuerpo de una forma ligera. El pelo se esponja, como nutrido por una lluvia que lo empapa, pero baila a mi espalda libre y sin ese toque melífluo de los detergentes demasiado pesados.
Y su segundo ingrediente principal es... el
aceite de coco. Este aceite natural es toda una joya de la cosmética, imprescindible en jabones artesanos y en cremas corporales. Es el secreo
sotto voce de actrices como Miranda Kerr y Eva Mendes.
Y, lo más importante: es uno de los pocos aceites que mi piel tolera y agradece... y posee un aroma enloquecedor.
El olor a coco sintético es insufrible. El auténtico aceite de coco huele a playa pero de un modo muy discreto y dulce: un dulce que no empalaga y que preludia el verano. El aroma impregna mi pelo y se esparce por el aire cuando giro la cabeza. Con intensa suavidad.
Conseguí mil sobrecitos de muestras: las cremas faciales se las regalé a mi madre, pero estoy probando el contorno de ojos de aguacate y la Creme de corps, dos productos que también me apetecía conocer.
¿Una pega? Sí: me hubiera gustado comprar la crema de centella asiática para mitigar mi piel sensible... y vi la
silicona estre sus primeros ingredientes. Aún más: la textura, el olor y los principios activos de este bálsamo me parecieron idénticos a los de la crema Xhekpon, de venta en farmacias por unos seis euros. Una de cal... y otra de arena.