jueves 19 de noviembre de 2009

El neceser de bolso ideal

Me habéis pedido una monografía sobre Lush, pero tengo que pasearme un poco más por la calle Fuencarral de Madrid antes de escribir una entrada sobre esta deliciosa marca que, ay, no vende en Sevilla. Como preámbulo, os dejo una entrada sobre el neceser de bolso que incluye una cosita de Lush que conozco muy bien.

Hay una pregunta, una de esas preguntas que te suelen hacer para matar el tiempo, que leía yo hace unas semanas en forma de "meme" y que puede presentarse así: si sólo pudieras meter cinco cosas en tu bolsita de las pinturas, ¿qué productos elegirías?
Supongo que, a muchas de nosotras, cinco productos no nos dan ni para embadurnarnos los párpados, por eso me pareció un poco absurda la cuestión. Aunque luego pensé en nuestras madres y en su sempiterna lata azul de Nivea, ¡debería ser todo más fácil! En otros tiempos era más sencillo vivir una cierta austeridad saludable.
De repente he pensado reescribir la pregunta para hablar del neceser de bolso, ese que se introduce a las ocho de la mañana en el enorme shopping bag de turno y que debe sacarnos de los apuros de la vida ordinaria...

El mío es este, recién comprado en H&M:

Ya tenemos la bolsita, ahora vamos a llenarla. Está claro que dos básicos muy básicos son un pequeño peine y un pequeño cepillo de dientes con dentífrico, pero aquí vamos a hablar de potinges. Cinco potingues de emergencia para cruzar el día "como un nuevo mar Rojo".

Mamen opina que es imprescindible, en todo neceser de bolso, llevar siempre una crema de manos. Yo me rebelo un poco ante la idea de meter un tubo que, en el mejor de los casos, pesará unos treinta mililitros, y por eso me parece una buena idea meter un par de ampollitas Auxina E. No abultan nada, hidratan y fortifican las uñas... y la piel de las manos. Y si tenemos el cutis muy seco, podemos llevar también una ampolla de Auxina A, que es retinol puro y la "crema" antiarrugas más barata que existe: dos euros y medio por veinte ampollas. Se compran también en la farmacia.

En segundo lugar me parece total, completa y definitivamente necesario un bálsamo labial. O dos, según lo maniática que seas. Sentir los labios resecos es una de las peores cosas que te pueden ocurrir (a nivel cosmético) antes de entrar en una importante reunión de trabajo...
Mi cacao preferido es el Chocolate Whipstick de Lush. No sólo hidrata los labios: los exfolia, los repara. Esto sí que es un plan de belleza en siete días, en menos de una semana los pellejitos pasan a la historia.

Ahora vamos ya a la parte divertida: el maquillaje. Creo que es absulutamente vital hacernos con una barrita Múltiple de Nars, con la que podremos cubrir labios, ojos y mejillas. Me chifla la Portofino, en rosa coral, y la South beach, bronce melocotón aunque en mejillas rosadas tiene también un matiz frambuesa.

Sin embargo, aún más fundamental que el colorido, me parece un buen corrector como el nuevo HD de Make up For Ever. Se compra en Sephora y cuesta 25 euros, resulta un poco caro pero al ser profesional los resultados son alucinantes. Sirve tanto para granitos como para ojeras, porque es sedoso y a la vez libre de aceites.

Y... ¿qué sería de nuestro neceser de bolso sin una polvera? Lo de "empolvarse la nariz" frente al tocador es ya todo un clásico de las películas antiguas. Me gusta el Colorstay de Revlon (mucho más que la versión líquida) para el verano, porque el tono Medium es muy natural. Este invierno voy a probar los Mineralize Skinfinish natural de Mac: ¡dicen que quedan preciosos!

sábado 14 de noviembre de 2009

Compritas del sábado

Últimamente mis semanas son cada vez más intensas... y mis sábados más relajados.
Las mañanas de sábado las suelo disfrutar en las librerías de mi barrio o las del centro de mi ciudad, que no son para tirar cohetes pero están bien, sobre todo si te acompaña alguna amiguilla y os pasais las horas raja que te raja sobre Chesterton o el nuevo best seller del otoño.
Pero esta mañana no tenía plan con nadie así que me he ido solita al Mercadona que está cerca de Los Arcos. De mi casa a ese centro comercial hay un señor cuarto de hora andando, y lo he gozado de punta a cabo porque el día no podía ser más bonito: cielo azul, música de Pajaro Sunrise sonando en mis orejas...


En realidad lo que quería era ver con mis ojitos los nuevos jumbos (sombras de ojos en lápiz) de Deliplús, que sí estaban: he repetido con el verde, un verde musgo con reflejos dorado que me enamoró allá por primavera, y de los nuevos me he llevado el azul y el rosa. El azul es misterioso, ni muy claro ni muy oscuro, le falta un punto para ser navy pero aún así me encanta. Los jumbos de Deliplús son de larga duración y resistentes al agua, además de costar sólo dos euritos. LLevo años buscando una sombra azul noche que no me emigre por el párpado inferior: una maquilladora me dijo una vez que los pigmentos azules tienden a escurrirse, y más si una tiene el párpado algo graso... Pero a mí el verde no se me mueve ni un pelo, y este tienen toda la pinta de seguir su ejemplo.
¿Por qué me he comprado el jumbo rosa...? Es un rosita claro, y tradicionalmente yo odiaba ese color para los ojos. Pero mi prima María me advirtió, en verano, que los matices rosas resaltan lo que de verde puede haber en unos ojos color miel como los míos: quería hacer la prueba sin gastarme un dineral, y esta sombra en lápiz me lo ha puesto en bandeja.


Me he comprado también la famosa base para pestañas de Deliplús. Una pasta blanca encerrada en un tubo blanco también, con un goubillón propio de rímel, de los grandecitos que a mí me agobian tanto, pero como el producto es blanco no me manchará todo el ojo. Es la quinta maravilla del mundo beuty. De verdad, son tres euros aprovechados a conciencia. Espesa las pestañas y las curva, las alarga un poco... para una mujer como yo, a la que el rímel le fastidia muchísimo, es la Solución: esta prebase + un poco de vaselina = pestañas naturales y bonitas sin manchurrones.
En total, las compras en el Mercadona de hoy me han salido por nueve euros, lo que no está nada mal.


De vuelta a casa me he detenido en Los Arcos, porque creía recordar que dentro había un Claire´s. Esta tienda me horroriza, está llena de bisutería de plástico turquesa y botas forradas de peluche, es el colmo del Kistch. Pero había oído que también vendían unos brillos labiales con sabor a fanta de naranja y eso no podía perdérmelo. Así que entro en el antro de la purpurina y directamente le pregunto a una de las chicas más cercanas (para no morir aplastada por el omnipresente color rosa), si vendían barritas de labios de fanta de naranja. Me pongo roja temiéndome lo peor, pero ella me conduce a una vitrina giratoria... y allí están. No puedo creerlo, ¡¡¡son Lip Smackers!!!




Unos bálsamos buenísimos que hasta ahora sólo se vendían en América. Respiro aliviada: a estas alturas de la película un gloss es sólo un capricho, pero un bálsamo de labios, sea cual sea su olor o sabor, siempre será una necesidad. Me he llevado dos, el de fanta de naranja y el de Coca Cola.


jueves 12 de noviembre de 2009

2006

¡El año de Mac! Esta entrada es la primera de una trilogía en la que hablo de mi firma preferida (junto a Nars y a Stila.) Se la dedico a Benita, que siempre me recuerda que no hay Mac en Santander...

Paseaba yo por Madrid en uno de esos preludios navideños, era veintidós de diciembre, día de la lotería nacional, luces nevadas, musgo con nieve en los escaparates, duendes y papanoeles con gafas doradas y antiguas.Ignoro qué andaría buscando yo en el Corte Inglés a esa hora ya anochecida, seguramente un frasco de Ideal Balance, mi maquillaje preferido por aquella época, que luego retiraron. Recuerdo perfectamente esos botecitos abombados, planos y azules, y el tono 22 "Miel doré", que tan bien me sentaba...

Entonces no conocía otra cosa que L´Oreal y compraba mis pinturas en el supermercado, porque Stila, la única marca un poco especial en la que solía detenerme, más que nada a contemplar, se había marchado de España. Decían que no vendía demasiado, que el grupo Estee Lauder se había deshecho de ella. La noticia me dejó impresionada, ya que "yo" tenía algunos labiales de Stila y un par de sus Lip Glazes, tan preciosos y originales... Y si yo, una estudiante por entonces a la que el bolsillo le hacía aguas por todas las esquinas caía rendida ante semejantes encantos, ¿qué mujer dejaría pasar de largo una firma tan increíble? Pero el mundo es un gran misterio. La dependienta de Stila era Vanessa, una chica majísima que ahora está en el Mac de la Plaza del Duque, y un día me dijo que me recordaba de esa etapa en la que tímidamente contemplaba de puntillas la Belleza.

En aquella tarde inviernal en Madrid, un poco despistada, aparecí de repente en medio de tropecientas sombras de ojos distintas, "es una marca nueva", me dijeron. Recordé que en algún programa de la tele había visto de refilón un evento, tipo fiesta benéfica para ayudar a niños con infancia desolada, y se presentaban productos nuevos que habían llegado a España de allende el mar, profesionales y con envases sobrios en negro. Y salía la rubia de turno subida a unos stilettos y hablando de boda futura con su novio de entonces, y de fondo un panel negrísimo con tres letras picudas que lo ocupaban todo: MAC.
Lo primero que me fascinó es que me dejaran a solas con las sombras, después de una breve explicación, y así yo pude llenarme por vez primera la mano de colores rojos, verdes, plateados. Acostumbrada a la táctica comercial tan agresiva del Corte Inglés, en el que si respiras al lado de un frasco de colonia ya te están preguntando qué deseas, aquello me pareció una versión adulta del cuento de Hansel y Gretel.


Salí del corner con dos sombras: Satin Taupe y Knight divine, que a día de hoy siguen siendo mis favoritas.


La primera es un marrón topo algo grisáceo, con mucho brillo pero como mojado, sin purpurinas. Es la típica sombra básica para hacerte un ahumado light, tan sedosa que incluso puedes aplicarla con los dedos. La segunda es la sombra oscura más bonita que he visto nunca, oscurecida tan sólo por la prodigiosa Diamond lil de Stila. Knight divine tiene base gris marengo, pero tiene luego mil brillitos sutiles de color azul noche que la convierten en la absoluta reina del smokey eyes combinado con vestidito navy, Little Black Dress o un simple jersey de cuello vuelto gris. Eso sí, necesitas el pincel en forma de lápiz para aplicarla comme il faut. Es algo más difícil de trabajar que la otra...


Y supe que volvería... una y otra vez. La belleza despierta en el hombre la nostalgia de su verdadera patria: eso dijo Platón.

martes 10 de noviembre de 2009

Mi primera crema antiarrugas

Dedico esta entrada a Dhenianne, del foro Maccounter.

No, mi piel no tiene arrugas todavía.
Tampoco estoy angustiada por todas esas frases que se suelen repetir, y que suelen ser verdad... "A partir de los treinta, todo cambia. Hay que tener más cuidado." No me asusta, quizás en mi inconsciencia lo veo lejos, o será que creo en la genética... Mi abuela tiene ochenta años y piel de bebé, casi, gracias a sus antepasados holandeses y a que no toma nunca el sol. Son dos cosas que ambas tenemos en común, la piel blanca y la fobia a los rayos solares. A veces bendigo mi piel sensible (en muy pocas ocasiones...) porque me obliga a usar fotoprotector solar todos los días del año. Y ya se sabe lo que dicen siempre los dermatólogos: el Spf 50 es el mejor producto antienvejecimiento que existe en el mercado...
Pero, en realidad, no pensaba en nada de esto al bajar a la farmacia y pedir este botecito de Sesderma. Pensaba en mis malditas rojeces y en mis granitos de irritación. Pensaba en que el gel de aloe vera puro se me estaba quedando corto y que, por alguna razón desconocida, había empezado a escocerme en los ojos, porque el polvillo de la tiza me los ha vuelto muuuuy sensibles. Pensaba en encontrar algo que trabajase en mi piel por las noches, ya que por el día uso la estupenda cremita Kelual DS de Ducray, que previene las descamaciones y trata las irritaciones.
El farmacéutico me habló del gel Azelac. Incluso lo destapó en mi presencia para que pudiera ver su textura, y como el amor entra por la vista, Cupido lanzó sus flechas doradas y me inflamó en deseos... no del farmacéutico, a Dios gracias, sino del gel en cuestión.

Ya he dicho muchas veces que, cuando se trata de la cara, yo sólo confío en cremas de farmacia, con algunas excepciones muy contadas como la línea Pure A de Garnier o la línea de agua de rosas búlgara de Carla Royo Villanova. De todas las cremas que te puede vender un galeno, las de Sesderma diría yo que son las más prestigiosas junto a gamas ya de alta cosmética tipo Darphin o Skinceuticals. Me apetecía probar, pero me apetecía probar algo que realmente necesitara mi cutis, y llegó a mi vida el gel Azelac.

Se trata de un producto muy, muy fluido, de color blanco satinado con reflejos color melocotón que al fundirse con la piel no se notan. Es muy suave, como de algodones, pero nada pesado. Nada graso tampoco, ya que se usa para tratar el acné, además de como hidratante para pieles sensibles y como tratamiento para rosáceas y cuperosis. Y aquí es cuando me entero de las bondades antienvejecimiento del Azelac, que no tenía ni idea. Y de que tiene también efecto despigmentante. Vamos, que estoy ante la Piedra Filosofal embotellada, pura alquimia.
Pura ciencia, también. El principio activo de este gel es el ácido azelaico, muy eficaz en el caso de acné y melasmas. También se ha demostrado que controla los síntomas de la rosácea, aunque la ciencia aún no se explica el por qué. La verdad, mí no me importan mucho las razones, sino los resultados. Y en el caso del Azelac, el ácido se combina con glicerina para hidratar y con caléndula y camomila para potenciar las propiedades calmantes. Estos son dos de mis ingredientes naturales favoritos, y leer sus nombres en la composición fue "lo que me acabó de enamorar."

Y es que, a lo largo de estos años de búsqueda y espera, he notado que hay seis principios activos naturales que calman las rojeces, y estos son:

- La Caléndula.
- La Avena.
- La Camomila.
- El Agua de Rosa Damascena.
- Y el Aloe Vera.

Una semana después de la compra... tengo la piel mucho más suave, mucho menos roja y sin un granito de esos rojos y pequeños. Del efecto anti manchas o antiarrugas nada puedo decir, afortunadamente, aunque sí he usado el gel como contorno de ojos: es muy agradable, lo tolero perfectamente y mis dos fastidiosas líneas de expresión están algo más relajadas.

Ahora mi rutina de belleza se ha completado y enriquecido. Combino este gel con el Kelual DS por la mañana. Y dos veces al día me limpio la piel con la loción Cetaphil, que también es una leche gelatinosa e increíblemente suave... pero cuando se me termine compraré un limpiador de Sesderma llamado Hidraven, que contiene Aloe Vera, Avena y Camomila, es decir, ingredientes que están en La Lista. Me apetece mucho probarlo, pero antes debo acabar el frasco de Cetaphil: los indios, en fila india.
Las personas de piel sensible tenemos siempre un dilema con la limpieza: no queremos agredir y a veces no somos todo lo contundentes que deberíamos ser. Por eso he optado por usar lociones muy muy suaves pero acompañarlas de una esponjilla limpiadora. Harta de algodones y toallitas, que se terminan en un santiamén, me hice con una esponjilla de celulosa, de la marca Better, en forma helicoidal, que limpia, fija y da esplendor.

sábado 7 de noviembre de 2009

Lady in pink

¡¡¡He cambiado la plantilla!!! Gracias Inma por la foto, que por lo visto pertenece a Mac.

Se ha puesto de moda el rosa fucsia. Chillón, llamativo y dulce a la vez. Como el colorete Dollymix, de Mac, que durante mucho tiempo decían que era el que usaba Patricia Conde en la tele. No sé si será cierto, la verdad. Paoland, por ejemplo, lo recomienda siempre, tanto en su blog como en los foros de maquillaje. Os dejo una foto, sacada de aquí.

A mí tanto rosa en las mejillas me carga. Tenemos también, algo más suave pero más brillante, el Angelika de Nars, que habitualmente es descrito como Rosa Algodón de Azúcar. Mmmmm, un nombre tentador, pero la realidad es que también me parece un tono "muy cargado", que resaltaría mis rojeces.

Sin embargo, como precioso es precioso, uno de los mejores coloretes de Nars junto al Luster, melocotón "quemado", al Deep Throat, rosa amelocotando con miles de chispitas, o al Sin, un ciruela raro y poco ponible pero maravilloso. Maryland le hizo una foto propia de artista, (de hecho recomiendo todo su reportaje sobre los rubores de Nars.)
Hace unos tres meses, me compré mi primer colorete rosa, que desde luego no es fucsia: el Well Dressed de Mac. Es delicado, sutil, natural. Recrea un perfecto rubor de invierno, del mismo modo en el que Sunbasque puede imitar el tórrido sonrojo del verano. Os dejo una foto de The Lip Print:

El Well Dressed es perfecto para un look ochenta, poderoso, consistente en ojos negros y brillantes y labios en fucsia ácido. Un fucsia casi flúor, rotundo pero muy favorecedor, para llevar con chaqueta a juego o Little Black Dress, como el nuevo rojo de la temporada... ¿Estáis pensando en la misma barra de labios que yo?
- Hum, ¿el mítico Rouge pur nº 19 de YSL...?
- Frío, frío. Quiero decir que me parece un labial transgresor, que marcó una época, pero cuyos matices tiene una carga demasiado fría para mi gusto, y además tira a Raspberry, no es un fucsia puro.
-Entonces... ¿Girl About Town, de Mac?
- Noooo... aunque te vas acercando. El fucsia de mis sueños, que conseguí gracias a un Back To Mac (programa de reciclaje según el cual si reciclas seis envases de la marca te regalan una barra de labios) es...


¡¡¡EL IMPASSIONED!!!

Realmente impresionante. Vibrante. Centelleante. Y, como buen "Amplified Creme", (la mejor textura de labiales Mac), además de todo lo ya dicho es... altamente hidratante. No es tan evidente como un rojo, por lo que no endurece los rasgos. Y la fórmula es absolutamente deliciosa: duradera, firme, nada brillante.
Es la típica barra de labios que te hace sentir poderosa sólo con llevarla puesta... como si te hubieras subido de pronto a unos impresionantes tacones de Manolo Blahnik.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Cremitas Perfumadas

Así se llama el blog de la dulce Claudia, que me descubrió el concepto de perfumado en capas. A ella dedico este post, que por una vez no es sobre maquillaje sino sobre perfumes.

En realidad, no he soportado nunca los perfumes que se venden en las tiendas, esos de fragantes frascos de cristal y nombres pretenciosos como Pure Poison o Halloween kiss, ¿beso de Todos los Santos? Es algo que me supera.

Me parecen todos carísimos. No soy puritana con el dinero, ya lo sabéis, y el importe de uno de esos frascos me lo puedo gastar a lo largo de una maravillosa mañana de sábado en el centro de Sevilla: un par de poemarios, una crema de farmacia, otra barra de labios de Mac... ya son cuatro cosas, y no sólo una. Haced la prueba: 10 euros (librito de Renacimiento) + otros 10 (más de lo mismo) + 25 euros (gel Azelac de Sesderma, milagro del que hablaré otro día) + 17 (Russian red de Mac) = 62 eurazos que suele costar cualquier perfume de marca, si no es más... ¿Hay delito, o no hay delito?

Por si fuera poco, soy rarita para los olores, y contra van pasando los días, meses, años, más rara me vuelvo. No me gustan los orientales ni los amaderados. Ni los florales. En verano tuve un brote de obsesión por el jazmín, pero ya se me pasó. Gracias a Dios resistí la tentación de hacerme con A la nuit, de Serge Lutens. Sigo pensando que este hombre es un pedazo de artista, que si alguien vende alquimia para el alma es él y que si por alguien hay que dejarse pelar los bolsillos es por él, pero nunca hubiera terminado de amortizar los ¡88 euros! que costaba el jazmín embotellado.

Antes me perdían los aromas cítricos, pomelo, mandarina... y mi padre me regaló mi adorado Aqua Allegoria Mandarin Basilic de Gerlain, pero la triste realidad es que el segundo bote se lo está bebiendo mi madre. No sé qué me está pasando.

Me ha dado por la naturalidad. Me parece que no es verosímil que una mujer huela a flores, ni a almizcle por goloso que sea, ni siquiera a campiña inglesa, y eso que uso bastante el Eau de Campagne de Sisley que me compré en verano... Ahora lo que quiero es oler a limpio, salir de la ducha y conservar ese estado de gracia natural por todo el día, ¿es tan difícil...? Busco aromas de jabón, de polvos de talco, pero todo lo que llaman "empolvado" en alta perfumería me suena a lo mismo, a gastar sesenta euros para oler a perfume top five.

Pero ya se terminaron mis tribulaciones, porque he logrado crear mi olor personalizado. Lo conseguí mezclando un desodorante, una crema de cuerpo y una colonia infantil cuyos aromas sutiles se funden y no se entorpecen. En primer lugar, Legrain ha decidido reeditar la fragancia de su gel moussel ¡en versión desodorante! Fue un gran día cuando lo descubrí en el supermercado. De verdad huele a la fragancia original, no tiene sal de aluminio y ¡dura todo el día! Ese es el primer paso de mi peculiar perfumado en capas.

A continuación, me embadurno en el bálsamo de Monoi Spa Wisdom Polynesia de The Body Shop. Ya sabéis que las mantecas corporales de Tbs son mis favoritas, y ésta huele a verano pero te abriga con una calidez propia de invierno. Y es suavita y empolvada.

El último toque, unas gotas de Nenuco Baby Spa, la nueva colonia de Nenuco (¡gracias, Blanca!) Huele a polvos de talco de bebé, por fin. Así resisto todo el día y, llueva lo que llueva, con dos productos en el cuerpo que llevan la palabra "spa" entre sus numerosos títulos, la relajación viaja conmigo.

lunes 2 de noviembre de 2009

Tres productos BBB

No hay nada que más rabia me dé, en este mundo beauty, que una marca barata pero vacía de calidad. ¿A quién benefician, me pregunto, los potes gruesos y marronosos de Margaret Astor, o las sombras tizosas de Maybelline New York? Claro que más me fastidian las cremas caras que no funcionan (como la maldita mantequilla amarilla de Clinique y esos tónicos para pieles de cemento armado, o los maquillajes altamente comedogénicos y perfumados de Estee Lauder, digan ellos lo que digan...) Odio que una crema para tratar rojeces sea verde, me entra la maléfica sospecha de que el unguento no va a hacer otra cosa que tapar el problema con la famosa teoría de la colorterapia, que sí, que está muy bien, pero para eso tenemos los correctores...

Bueno, ahora vamos a hablar de cosas bonitas. Firmas baratas y eficaces, firmas caras que no mienten.


En primer lugar, el mejor rímel que he probado cuesta tres euros con noventa. Por cierto, adoro la palabra rímel. Me recuerda a mi madre cuando yo tenía unos catorce años. Ella nunca usaría el término "máscara" para referirse a él, y yo, aunque soy algo pija, como también soy hobbit tampoco la digo. Y pensándolo bien no soy pija sino lujuriosa, es decir, partidaria del lujo en la cosmética.
El rímel del que hablo es de Kiko cosmetics, una firma italiana que tiene tienda propia en la calle Fuencarral de Madrid (al lado de Kielhs), y que también se vende en Málaga, Zaragoza, Guadalajara, Barcelona, Alicante y Murcia. Se llama Ultra Tech y al principio valía siete euros, que ya es buen precio visto lo visto, pero es que luego la pusieron en tres noventa y así sigue. La foto que os ofrezco es del blog de Aiesgope, que por cierto la compara con la Diorshow de Dior, uno de los ferraris del maquillaje. Tallulaht, del foro Ciao, la compara con la Inimitable de Chanel, otro peso pesado.
Ahora daré mi opinión. No me gusta casi nada de Kiko, para qué vamos a engañarnos. Sus sombras no pigmentan tanto como las de Mac (ay, qué malo es probar lo bueno...), su maquillaje libre de aceite es gooordo como muchos otros (¿por qué?) Y sus barras de labios son de tienda china. Pero tiene coloretes e iluminadores en polvo muy bonitos, brochas que no están nada mal, y esta maravilla de rímel. Y todo muy, muy barato.
Creo que el primer acierto está en el cepillo, pequeñito y manejable, rígido y como de silicona, te permite trabajar de un modo limpio y alarga la pestaña hasta el sol y la luna. (¡Larga muerte al goubillón tradicional, que emborrona los párpados!) De la fórmula me gusta que no se descascarilla, produciendo el efecto ojera como las demás (marrón de Deliplús incluída, ay, con lo que el cariño que le tengo...) No os llevéis el waterproof, que nada conseguirá borrarlo de vuestra cara: os aseguro que el normal aguanta perfectamente. Otra cosa que me encanta es su color. Negro brillante con acabado glossy pero ligero, y con reflejos azulados.

Otro producto BBB (bueno, bonito, barato), es el paquete de toallitas desmaquilladoras Pure Calmille de Yves Rocher. Como en esa tienda están todo el día haciendo descuentos, te cuestan menos de dos euros y medio y son buenísimas. Tienen camomila bío, yo de la palabra bío no me fío mucho tratándose de Yves Rocher, pero la camomila es uno de mis ingredientes naturales favoritos para cuidarme. He declarado la guerra a los discos de algodón: tengo que usar varios y al final acabo frotando mi cara más allá de las reglas de la elemental sensatez. Así que me embadurno con la deliciosa loción limpiadora Cetaphil, hago masajes circulares y luego me aplico la toallita. Me parece la mejor rutina de limbieza doble, que tan de moda está.

El tercer producto del que quería hablar es el champú sólido de Lush. (BENITA, HAY LUSH EN SANTANDER...) Esta tienda no es barata precisamente, sus pastillas de jabón cuestan cuatro euros, pero necesitas para vivir un buen trozo de "La madrina", que huele a esas tiras picantes de fresa que nos comprábamos de niños en los kioskos y te alegra la mañana más lunática y lluviosa. El champú en pastilla (6,90 euros) cunde una eternidad, lo menos cincuenta lavados, y deja el pelo chirriante de limpio. El mejor que he probado se llama Agua dulce. Para viajar, lo metes en una lata redonda y al equipaje; para usarlo, lo mojas, lo frotas contra tu pelo húmedo y usas la espuma que surge. Es magia pura.