29 de marzo de 2010

...Del País de las Maravillas

Esta mañana me he vuelto literalmente loca. Aprovechando que salía del estudio de Radio Nacional de España, donde grabé cuatro poemas de mi nuevo libro para el programa La estación azul, decidí regalarme la paleta Alice in Wonderland de Urban Decay. Me encanta el Sephora de Gran Vía en Logroño: siempre voy allí cuando estoy disfrutando de unas doradas vacaciones, es espacioso, luminoso, tiene todas las tentaciones que me pueden tentar a mí y tiene, sobre todo, las mejores dependientes que puedas encontrar en un Sephora: atentas, simpáticas y nada empalagosas. Siempre voy para hacer mis regalos navideños...



Hoy me he llevado la paleta más bonita y más impresionante del momento. Alice in Wonderland tiene dieciséis sombras, dos lápices en formato viaje y un Primer Potion en miniatura. Cuando lo he visto me he vuelto loca, mis ojos han empezado a brillar intensamente y, como en una nebulosa, mis orejas han escuchado cómo mis labios exclamaban: ¡Me lo llevo! Su nombre completo es Alice in Wonderland Book of Shadows, "El Libro de las Sombras": con un nombre tan poético... ¡tenía que ser mío!
He leído que en realidad cada una de las 16 sombras pertenece a la colección permanente de Urban Decay, sólo las han rebautizado para esta gran ocasión. Las texturas son sedosas, duraderas y muy pigmentadas: me recuerdan mucho a las de Stila. Mis preferidas son:



Underland (que antes se llamaba "Flash".) Un púrpura brillante y frío con chispitas escarchadas. Un color primaveral, dulce y fuerte al mismo tiempo, un tono que resalta el matiz verde de los ojos castaños.
Alice (normalmente llamado "Painkiller".) Un turquesa acuático con brillo helado, como de cuento fantástico, es un tono muy especial que además combina perfectamente con el lápiz turquesa que trae el libro.
Oraculum ("Baked".) Dorado cobrizo y cálido. Una sombra que abriga los ojos.




Vorpal ("S&;M".) Un adorable gris plata quemada parecido al Smoke & Diamonds EL de Mac o al Diamond lil de Stila (suspiro.)
Queen (Last Call) Un borgoña brillante con un matiz rojizo que pigmenta mucho, ¡me encanta! Absolem ("Homegrown".) Un hermoso y primaveral verde con chispas doradas. Una de esas sombras cuyo color relaja mis sentidos.





Los dos lápices son increíbles: he probado el negro y tiene el mismo acabado negrísimo, denso y brillante del Smolder de Mac pero con una duración y fijación infinitas.
Nunca había tenido una paleta tan espectacular. Tampoco había tenido nunca ningún producto de la firma Urban Decay, que acaba de aterrizar en España. Lo cierto es que no soy mucho de paletas, prefiero sombras individuales. Pero esto no es una paleta... ¡es una obra de arte!

Las fotos de la paleta son de Adegea y los chuaches, cómo no, de Make up Geek.

25 de marzo de 2010

Baño de leche, baño blanco de Kenzoki

Ayer llegó a mi casa un paquete delicioso. Escuchar esa palabra mágica, "¡cartero!", y pasarme horas y horas abriendo tarros, oliendo cremas, comparando texturas fue todo uno. Horas y horas que fueron un minuto, un minuto tan solo, y que me llevaron de la mano a aquel momento en que caí rendida ante la simpatía de Natalia Verbeke. En aquella entrevista que se llamaba "manual de belleza", en In Style, decía que su última adicción eran las fabulosas cremas aromáticas de Kenzoki. Recuerdo que su sonrisa, pintada con un gloss amelocotonado, llenaba toda la página e iluminaba la revista. Y me dije "las cremitas de las que habla esta mujer costarán un ojo de la cara, pero si untándomelas en la piel consiguiera sonreír como ella, que mis ojos chispeasen de la misma forma cautivadora, rompía la hucha en este mismo instante de mi vida".

Ese instante llegó ayer. Alejandra, Relaciones públicas de Kenzo, me envía algunos de sus productos para que los pruebe. Ha sido tan generosa que, de la caja de cartón, salieron ante mis ojos atónitos la crema relajante de loto blanco, la mascarilla de dulce de nube, el contorno de ojos Belle de Jour (¡la joya de la corona!) Y el baño de leche de loto blanco, en el que me sumergí esa misma noche. Aunque parezca mentira, la apertura de regalos se transformó no sólo en un momento muy dulce, repleto de lujuria cosmética, sino también en un lujo poético, repleto de lirismo... Los productos de Loto de Kenzoki vienen embotellados con palabras también mágicas, de Tagore: - ¿Cuál es tu secreto?, / murmura la brisa al loto. / - Mi secreto soy yo, responde el loto, / si me lo robas, desaparezco. Son palabras que simbólicamente pronuncia el loto, esa flor oriental casi sagrada, pero que puede pronunciar cada mujer, como lo hacía Natalia Verbeke. Os cuento mi plan: voy a probar las cremas durante siete días, para ofreceros después aquí una review completa y pormenorizada. Mi madre arrambló ya con la mascarilla de dulce de nube, con la excusa de que su piel es más seca que la mía. Y se me acaba de terminar la crema, me decía poniendo carra de "Tristón sólo quiere un amiguito", llevo dos días sin echarme ninguna. La crema que usaba era el renovador celular de Carla Bulgaria Roses Beauty, que le regalé yo en navidad. Me he llenado un tarrito para al menos tener una muestra, y así daros dos opiniones, la mía y la suya. Ella necesita reafirmar y nutrir su piel, y yo necesito calmar, suavizar e hidratar la mía. De lo que sí puedo hablar es del baño blanco de loto. Ayer, bastante cansada y con el pelo a punto de ser nombrado zona catastrófica, decidí no esperar ni un segundo más para beneficiarme del spa casero en que este producto prometía convertir mi cuarto de baño. Y lo hizo: llenó mi bañera de una bruma blanca que, al entrar yo en el agua, se aquietó diluyéndose en una leche blanca y fragrante. Olía de una forma sutil y deliciosa, impregnando todo mi cuerpo e hidratándolo. Contiene diversos aceites, lino, tapioca y loto, ¡y dióxido de titanio! Y haciendo cuentas, descubrí que no es tan caro como me imaginaba: diez sobres bastante generosos cuestan 33 euros. Eso significa que el baño te sale por tres euros y pico, es decir igual que si usaras media burbuja de Lush y muchísimo menos que si acudieras por media hora a uno de esos balnearios urbanos. Y, lo más importante: dejó mi cuerpo suave y mi mente suave también.

23 de marzo de 2010

NO PUEDO SALIR DE CASA SIN... by Adaldrida

Propongo otra ronda "Adaldrida-Kitty-Benita" diciendo cada una los cinco cosméticos sin los que no puede, literalmente no puede salir de casa. Empiezo yo, contando lo que me llevo puesto cada mañana en el cuerpo serrano y en la carita de rosa:

1) No puedo comenzar la mañana sin rociarme con el desodorante Moussel. Me relaja, es muy eficaz y adoro su olorcito que deja, a limpio. Ahora estoy descubriendo el mundo de los frasquitos de cristal, y procuro siempre que el perfume elegido concuerde con el desodorante, que es condición "sine qua non"...

2) También me aplico en los codos y en las manos la crema de manos con 20% de karité de L´Occitane, que es maravillosa y huele a jabón y a polvos de talco. Es un olor muy sutil pero que acompaña, y la hidratación acompaña también durante todo el día.

3) No puedo salir por la puerta sin haber cepillado mi pelo rebelde unas cincuenta veces con mi cepillo de madera, y sin haber rocíado al menos mi flequillo con una bruma de laca Fructis de Garnier, que huele a tarta de frutas con nata, es una delicia.

4) No salgo sin haberme untado en la cara una mezcla que salió de mis propias manos (alquimia casera...) La composicío es esta: un tercio de crema Kelual DS de Ducray, combinado con dos tercios de Prep + Prime spf 50 de Mac, y una ampollita de vitamina E de la marca Auxina. Todo batido y encerrado en un tarrito vacío del Sephora. Mi padre cuando me ve haciendo estos experimentos se parte de la risa y me dice "¿no sabes que la alquimia está prohibida por la Santa Inquisición?" Pero yo al fin he encontrado mi crema de día perfecta: lo tiene todo, es hidratante, calmante, antioxidante y con factor alto de protección solar. Y me ahorro al menos una o dos capas.

5) Y no soy nada sin maquillarme al menos un poco, tres pasos básicos que sólo me ocupan un minuto: corrector, colorete y barra de labios. Puedo llevar los ojos desnudos, pero no puedo salir de casi sin camuflar mis rojeces más evidentes con el nuevo corrector de Bourjois y sin regalarme unos brochazos de un rubor coral, vivo y alegre como el Rose coup de foudre, también de Bourjois. Labiales tengo tropecientas y no pienso parar, por lo que a veces regalo alguno a mi madre, a mi mejor amiga o a mis primas adolescentes. Me gustan en tonos frutales: malocotón, fresa, cereza. Cremosas y satinadas pero sin excesivo brillo. Ahora me ha dado por Heat Wave de Nars para salir, y Jist de Mac a todas horas: un melocotón tostado de larga duración increíble: es la primera barra de labios que me compré en Mac, fue mi primer gran deslumbramiento... y cuatro años más tarde sigue enamorándome.

21 de marzo de 2010

Nueva visión de perfumes

Ya lo adelantaba la primera vez que hablé aquí de fragancias, pero mi piel y mi olfato están sufriendo una rápida evolución.

Ahora me gustan los perfumes más femeninos, más dulces. Me siguen entusiasmando un par de básicos unisex, como CK One de Calvin Klein, que me huele a sábanas blancas y nuevas, y Eau de Campagne de Sisley, que me arrastra a mis veranos campestres...
Pero ahora lo que realmente me atrae es la suavidad de los polvos de talco, las notas frutales de melocotón, las flores más golosas (rosa, violeta, jazmín) y los fondos de vainilla y almizcle.
No soporto las aguas de azahar o naranjo, porque vivo en Sevilla y puedo "sorber" el auténtico azahar cada mañana desde febrero a casi octubre. Lo mismo me sucede con las fragancias que pretenden clonar el aroma natural de la lavanda*: en verano recojo ramilletes de espliego en el monte, y me apasiona de tal manera su olor que no admito imitaciones químicas, ¡me he vuelto muy exigente!
Por último, necesito que las colonias frescas tengan un punto de calidez, aunque parezca un oxímoron. Con todas estos antecedentes, dejo aquí un pequeño informe de mis últimas investigaciones, una review de los dos últimos perfumes que me han enamorado.


Estoy realmente fascinada por lo nuevo de Donna Karan, Pure. El frasco tan sobrio, la campaña publicitaria que por una vez habla de pureza, de mujeres normales que abrazan a sus hijos, maridos o hermanos, el puntito solidario de traer la vainilla de Uganda, todos esos ingredientes serían mucho y no serían nada si luego no me hubiera gustado el aroma.
Pero lo probé y se fundió con mi piel, en sólo una mañana se convirtió en una parte de mí misma. La vainilla es sólo un ligero toque, que yo percibía equilibrado por alguna nota floral. Mi olfato se va afinando, porque he leído en Telva que Pure lleva en su composición notas de loto, rosa, freesia y ¡jazmín! Lo sabía.
Pure DKNY me acompañó mientras Franc Delgado me maquillaba, bajo la mirada atenta de Cantaloupe. Unas horas mágicas, una ciudad mágica y un perfume mágico. Ni siquiera me parece excesivo su precio.
Esa misma mañana, Cantaloupe y yo decidimos entrar en Yves Rocher para probar su colonia de té verde. Me pareció bastante digna, pero la que realmente me arrebató fue la colonia de verbena: para usarla a diario como agua fresca es sensacional, tiene la frescura del limón verde recién cortado por la mitad y aromatizado con hierbabuena, vamos, que para mi gusto huele a "mojito"... Una delicia.




Hace unos días probé lo nuevo de YSL, Parisienne.
Me encantó y en seguida adiviné el motivo: en su pirámide olfativa hay arándano, mora, rosa de Damasco y violeta sobre un fondo de almizcle. Este perfume es toda una obra de arte, entre otras cosas porque los ingredientes son difíciles y han sido combinados con sabiduría. La violeta me recuerda a los caramelos morados de mi infancia, pero hay que saber utilizarla en la dosis justa. Lo mismo sucede con las notas afrutadas. No he olvidado lo que escribí sobre Lola, de Marc Jacobs: que me sale más rentable licuar un kilo de gominolas italianas y ducharme en él.
Parisienne en cambio impregnó mi piel de manera natural, transformándose en algo delicado y nada cursi, aunque claramente dulce. Este es el típico perfume que gusta a los hombres, ¡y consigue que se acerquen a ti armados con tenedor y cuchara!

18 de marzo de 2010

Las nuevas barras de Chanel no molan

¡Cambios en el blog! Creo que esta es la versión definitiva: la maquetación y la cabecera son obras de Kitty, a la que estoy muy agradecida.
No me gusta el nuevo Rouge Coco de Chanel.
Me parecen excesivos los veintiocho euros que cuesta para el resultado tan normalito, tan idéntico a cualquier labial de gama media. Es algo que me sucede en general con todas las barras de labios de esta firma tan glamourosa: por más que busco, no encuentro nunca ningún color que me arrebate, que me enamore de un golpe y para siempre. Algo tan fácil como lo que me ocurrió con el Péche frivole de Guerlain, el Ravishing de Mac, el Dolce vita de Nars. Amor a primera vista, deslumbrante, incondicional.
Bueno, pues eso con Chanel no me ocurre. El tono que más me gusta hasta ahora es el Palma de los Aqualumiers, que es translúcido y chispeante y tiene la tonalidad exacta de un caramelo de naranja.


Roue Coco de Chanel... Y Vanessa Paradis anunciándolo

Pero entre los Rouge Allure no hay nada que me atraiga, y entre los Rouge Coco por ahora tampoco. Incluso los tonos que en la barra me parecían bonitos ("Sari doré", "Satin"), en mi boca se apagaban. Porque los colores de esta nueva línea son apagados, no encuentro otra palabra para describirlo.
También me ha decepcionado la supuesta "larga duración". Me probé el número 14 "Muse", un bronce rosado muy... normal. La sensación al aplicármelo fue como si el color se me estuviera tatuando en los labios, y pensé que iba a ser duradero y confortable. Pero ni lo uno ni lo otro: en sólo media hora no quedaba rastro y mis labios marcaban arrugitas. Hoy le di una segunda oportunidad y probé el "Sari doré": un naranja dorado realmente precioso, un auténtico vintage que data de 1954; aunque a mí no me vaya bien, reconozco que es muy bonito. Si no tienen más remedio que comprar un Rouge Coco, les recomiendo que sea éste. Me lo probé, digo, y a la media hora se había esfumado.
Soy de la opinión de que un buen labial debería costar mucho menos que veintiocho euros, y de hecho mis barras favoritas, las de Mac, le sacan a Chanel más de diez euros de ventaja. Nars, firma por la que siento debilidad pero que objetivamente tiene la misma calidad que "la maison" francesa, vende sus labiales a veinticuatro euros. Incluso la voluptuosa Rouge Volupté de YSL cuesta dos euros menos.



Hoy al mediodía me he dejado caer por el stand de Yves Saint Laurent del Corte Inglés de Nervión: la señora que lo atiende es más que encantadora. Estuve probando esta barra cremosísima y me pareció adorable el tono 28, un dulce de leche aterciopelado que se funde con el labio y dura, dura y dura. Y he descubierto una novedad, el Gloss Volupté. Este formato de gloss en barra está muy de moda, pero en Yves saint Laurent le han sabido dar además un acabado goloso, pulposo, como de fruta en confitura, y propiedades de bálsamo regenerador.



Aquí tenemos el tono 3, Cerise Givré, que es el que yo he probado: un tono piruleta de lo más apetecible. La foto la he sacado de Non Blonde. En definitiva, me llevé una decepción con Chanel... pero hice un gran descubrimiento en el mostrador vecino.

16 de marzo de 2010

Hablando con el experto

Estuve en Madrid y conocí "en persona" a mi amiga Cantaloupe... delante de un mostrador de Nars, ¿dónde mejor?
El corner de Goya andaba un poco solitario y Franc, el make-up artist que me suele probar mis productos favoritos, pudo dedicarnos mucho tiempo. Franc es todo un artista con manos poderosas y voz con un deje de trópico (yo pensaba que era canario, pero nació en Caracas.) Enseguida me sentó en la silla "de maquillarse" y me pregunto que qué quería. Yo iba directa a probar el colorete Taj Mahal: desde que compré el dúo Mediterranée hace un año pienso en este atrevido blush como el maridaje ideal, y mis deseos se acrecentaron cuando mi padre me regaló la barra de labios Heat Wave.
Imagen tomada de google

Me imaginaba que el Taj Mahal recrearía en los pómulos este efecto,


Imagen de Google

y no me equivoqué.
Es como una llamarada alegre, viva, dorada, como un fuego de verano que dinamiza el rostro, como si bebieras de pronto mil naranjas y el zumo te iluminase por dentro.
Franc quiso enseñarme (con sus manos de artista), que una piel blanca no debe temerle a un color encendido, y equilibró la llamarada marcando mis pómulos con el múltiple Cap Vert. Este bronzer es perfecto para mí porque neutraliza rojeces, es suave y jugoso y a la vez libre de aceites, tiene un color caramelo suave nada exagerado y es mate pero no queda "terroso". Franc trabajó los contornos de mi cara con él: con un pincel trazó dos líneas perpendiculares a mi mandíbula, justo debajo del hueso del pómulo, y las difuminó con esos trazos volátiles que hacen que parezca que sus manos son invisibles. También difuminó producto en el hueso de la nariz, en las sienes y bajo la barbilla, pero de la misma forma tremendamente sutil.

Luego iluminó mis mejillas con el Taj Mahal, aplicado con la brocha Yachiyo.
Esta brocha pertenece a la rica tradición japonesa, es increíblemente suave y tiene esa forma como de "huevo de madera", que reparte el color en dosis muy ligeras. También es muy llamativo su mango, forrado con hilo de caña. Los pinceles de Nars son bastante caros y no poseo ninguno, por eso disfruto tanto cuando trabajan con ellos sobre mi rostro, la sensación que se percibe es como la de recibir en la cara un delicado masaje. Después maquilló mis ojos mezclando el dúo Earth angel con un toque de Taj Mahal (queda espectacular), y aplicó una capa de gloss Giza a mis labios, que yo traía maquillados de casa con su fantástico labial Niagara.

Por último le preguntamos cuáles eran sus productos favoritos, dentro del fabuloso mundo Nars. Nos respondió con acción, realizando una prueba en directo de lo increíblemente bonito que queda el nuevo iluminador Luxor. Este múltiple promete clonar el mismo efecto mojado del mítico Copacabana, pero con una luz más cálida y rosada, menos metálica: con sus manos lo aplicó en el rostro de mi amiga Cantaloupe, que ya lucía impecable pero tras esos ligeros toques pareció encenderse desde dentro.
También nos mostró el atrevido dúo Caravaggio, uno de sus must. Comprendo perfectamente el motivo de ese nombre, porque el Caravaggio es un duo de sombras dignas de un gran pintor: sombras de pigmentos puros, vibrantes, rotundos. Un fucsia rojizo y un violeta intenso que realmente enamoran. Estos dos productos, junto al Cap vert que utilizó para mi look, son los productos preferidos del maquillador de Nars Franc Delgado.
En cuanto a los coloretes, "le van" los tonos fuertes, que él trabaja de maravilla: Exibit A, Taj Mahal y Mata Hari. Comprendo perfectamente su pasión por los dos primeros, que desde ahora añado a mi wish list junto al dúo Caravaggio y a la brocha Yachiyo.

Salimos de la isla Nars con sabiduría en el alma y luz en la piel, un binomio perfecto para alcanzar la felicidad.

4 de marzo de 2010

Lujuria cosmética en el Barrio de Salamanca (Madrid): Lush y Claudia di Paolo

En Madrid tengo dos paraísos muy distintos.
Uno es el barrio de Salamanca, pijo y acogedor, elegante siempre, con sus calles de grandes edificios de piedra y sus tiendas iluminadas. Esas puertas de cristal que se abren con leves murmullos, mientras tintinean los frascos de vidrio grueso y reluciente en las estanterías del fondo... Iluminación media, cortesía a raudales. Tarjetitas color crema...
El otro es la calle Fuencarral, popular y vivaracha, bastante sucia pero con aroma de jabones. Plazas destartaladas con cafés a medio construir. Tiendas abarrotadas, abigarradas de luz y de color. Grúas, coches, hippies, cigarros sospechosos.

Una de las cosas que más me enternecen de la marca Lush es que tienen tiendas en mis dos paraísos. la tiendecita de la calle Alcalá está sumida en un silencio reposado, con chicas que te hacen demostraciones de sus productos. En Lush Alcalá me regalaron una burbuja enterita, que ya es generosidad. Además me dieron la mejor: la burbuja de miel y chocolate "Mamá", de la que habló tan magistralmente Adegea.
La gran tienda de Fuencarral parece un zoco lleno de aromas, chicas con bolso, chicos con perro, cajas registradoras y largas filas para pagar.


Imagen tomada de la web de la firma

Esta vez no he salido de mi barrio plín. La misma tarde del jueves estuve en Lush Alcalá y me llevé a casa, por fin, un buen pedazo del jabón "Cariño he lavado a los niños", que luele a toffee y a miel.
También, el nuevo Lip scrub de azúcar con sabor a chicle (suena bien, ¿eh...?) Es absolutamente perfecto para dejar unos labios suavecitos, como de película... Contiene azúcar pero también aceite de jojoba y una mezcla de aceites esenciales, por lo que exfolia pero también hidrata un poco, y tiene un sabor riquísimo... yo no diría chicle sino más bien chuches, gominolas de fresa, de nubes...


Imagen tomada de la web de la marca

Me estuvieron enseñando la fabulosa crema de manos Smitten, que huele a almendras y es untuosa y deliciosa, pero la verdad es que hasta que no se me acabe Hidrafix de Garnier, no repongo: los indios, en fila india.
 También pedí que me enseñaran la mascarilla fresca de avena. Había oído hablar de ella, sabía que calmaba la piel y borraba las rojeces, y que llevaba productos naturales como la avena, el plátano y la manteca de ílipe. Ahora que la he visto puedo decir que también es absolutamente perfecta: sedosa y adorablemente hidratante, de un tono amarillo cálido y con un olor a desayuno irlandés que te entran ganas de comerla a cucharadas... Y, a pesar de todo esto, soy tonta y me asustó lo nutritiva que es, temí aparecer con la cara llena de granos... y no la compré. Puede que me anime en mi próxima visita.

Esa tarde estuve también en la calle Jorge Juan, en un lugar increíble llamado Claudia di Paolo.
Había aterrizado allí buscando un tónico para piel sensible de la marca bío Secretos del agua que se llama Agua de musgo. No lo tenían, pero como lo usaban en sus tratamientos de belleza tenían un tester y me llenaron un tarrito primoroso a modo de muestra: la atención no pudo ser más esmerada. El agua de Musgo es una auténtica gozada: es más sólida que un tónico, como un gel ligerísimo, por lo que no resbala sobre la piel sino que penetra en ella. Huele de verdad a musgo, a vida. Sus ingredientes activos son el musgo, el aloe vera, el lúpulo e incluso el oro, y sólo cuesta 27 euros.

Por esta vez me he quedado en mi barrio... ¡ha merecido la pena!