29 de mayo de 2010

¡¡¡AGUA!!!

En los meses de calor cambian los gustos, las costumbres. Lo que más me apetece en este mundo, ahora, es limpiarme la cara con un gel espumoso al agua. El problema llega cuando pretendo encontrar un producto de esas características que, además, respete mi piel sensible y a ser posible la calme... Por eso, a pesar de lo apetecibles que me puedan parecer, descarto el Cleanance de Avéne y los geles de marcas tipo Bourjois, Ponds o Diadermine. En las vitrinas del supermercado resultan muy atractivos, con sus burbujas azules y su lírica de piscina paradisiaca. Imaginas el frescor en la piel, el contacto frío con el agua y la emulsión espumosa que conseguirán tus dedos húmedos.

Dos días después, te preguntas por qué tu cara vuelve a ser un desierto rojo. Repasas cada hábito, cada mimo que dedicas a tu cutis a diario: si no sales de casa sin protección de, como mínimo, factor treinta, si la desmaquillas en cada anochecer, si no fumas, si no bebes café ni alcohol, si usas cremas para piel sensible y hasta has comprado un tónico de rosa damascena... ¿por qué a ti te suceden estos cataclismos epidérmicos? Y de repente miras el bote de frescor infinito en la repisa... Y te invade la aprensión... Miras la lista de ingredientes y ¿qué hay...? Alcohol denat por toneladas, parafinum liquidum, petrolatum, metylparaben, isoparaffin y propilene glicol. Este año, para no equivocarme, decidí celebrar el fin de la abstinencia con un buen pack de jabones de caléndula de la marca griega de parafarmacia Korres. Esta pastilla de jabón es muy espumosa y fresca, por un lado, y por el otro muy calmante y libre de parafinas, siliconas y derivados del petróleo. No es barata (cinco euros por dos pastillas de ochenta gramos), pero merece la pena. Y su complemento perfecto es... ¡¡¡El agua mineral Evian!!! No estoy dicendo que me desmaquille a diario con agua embotellada para ricos, pero lo cierto es que hace un par de días, con la mente fatigada y la piel martirizada, tuve un momento de lucidez frívola y me compré dos deliciosas botellas de este agua que muchas celebrities pulverizan sobre su rostro. Ya en casa las guardé en la nevera y, media hora más tarde, me bebí lentamente dos grandes vasos de agua bien fría y utilicé un tercer vaso, a la misma temperatura y con la misma parsimonia, para lavarme la cara que previamente había masajeado con la pastilla de jabón de caléndula de Korres y posteriormente consentí con un masaje extra de creme ultra confort de L´Occitane. El cansancio desapareció por completo, y mi piel irradiaba paz, sin un átomo de rojez. Luego he recordado que en el spa de Evian utlizan este agua de los glaciares suizos, de naturaleza casi perfecta, en diversos tratamientos de la piel.

Y el último imprescindible del verano es otro producto rico en agua, nada menos que un noventa y cinco de su contenido, pero esta vez agua de rosa búlgara. No sé cómo he podido sobrevivir a lo largo del invierno sin el Hidragel calmante de Carla Bulgaria Roses Beauty: quizás durante los meses de frío mi piel pedía texturas más densas, pero ahora regreso a la maravilla de la hidratación profunda en textura gel, sin un átomo de grasa, con un extraño don para matificar y nutrir al mismo tiempo. Su alto poder calmante y antiinflamatorio lo convierten en la crema para todo: descongestiona y suaviza los párpados después de la dolorosa depilación de cejas, hidrata la zona del contorno de ojos restándole fatiga y aportándole luz. Por fin un gel apetecible, refrescante como un sorbete y calmante como una lluvia de agua mineral sobre la piel.

23 de mayo de 2010

En el día de mi santo... ¡otro look!

Hace unos días recordé esta foto que me hizo el fotógrafo Julio Vergne, el año pasado, para la revista Capital, y que recientemente ha vuelto a usar el Diario La Rioja aquí.
En ella puede apreciarse bastante el maquillaje, un look otoñal en pleno mayo: me apetecía usar la sombra Club aunque el calor apretara ya de firme. He decidido aprovechar que la imagen ha rodado por distintas webs y por el papel impreso, para soltarme la poca vergüenza que me queda y comentaros el look.

Era primavera plena e hicimos una sesión completa en Los Reales Alcázares. Yo me sentía bastante cortada porque no acostumbro a realizar largas sesiones de fotos, como podéis imaginar. Hubo una magia especial, sobre todo cuando nos metimos en el laberinto de setos y Julio disparó flashes de cuento de hadas, aunque luego eligiera para la revista el retrato de los azulejos.


Ese día mi piel no estaba en forma, ¡tenía un par de granos en la barbilla! También el pelo estaba enfadado, rebelde, aunque me gusta cuando se pone así, cuando saca su carácter, porque se riza.

Los dos granos fueron convenientemente camuflados con el corrector Unifiance Touche Pro de la Roche Posay, en tono Champán: adoro ese tarrito aunque no sea libre de aceites. Al menos es no comedogénico y se compra en farmacias y, sobre todo: ¡tapa cualquier defecto! Es el corrector más potente que conozco. Aún lo tengo para los días de desastre nuclear, aunque para diario prefiero el Health & Mix de Bourjois o sencillamente nada, ahora que no tengo la cara nada mal, sólo las rojeces de rigor que se corrigen con la base fluida o en polvo. Para las pieles grasas recomendo el Studio Finish de Mac, que consigue la misma cobertura que el tarrito de LRP aunque es algo más seco: a cambio no tiene ni gota de aceite y no acaba estropeando la piel. Añadí poca base de maquillaje: un punto en el centro de la cara muy bien extendido. Hubo un momento de pánico en que pensé que no era suficiente, pero al fin y al cabo me fotografiaban como poeta y no como modelo: todo tenía que ser más o menos natural. Fundí un par de gotas de uno de esos maquillajes de sobrecito que te dan en las perfumerías y cuyo nombre no recuerdo bien con un blush inolvidable, el precioso Luster de Nars: mi rubor favorito para la primavera y para el verano, sin ninguna duda.




Como muestra la foto que le hizo Deszell, el Luster es uno de esos tonos tornasolados que en unas ocasiones veo dorado y en otras melocotón, y siempre luminoso.
Manché mis labios con el kissskiss de Guerlain en tono Peche Frivole, que durante meses y meses ha sido mi labial preferido. Ahora no sabría decir, porque tiene muchos rivales pisando fuerte: el Honolulu honey y el Niagara de Nars, el Jist y el Thrills de Mac... toda una declinación de melocotones más o menos nudes, más o menos tostados, tirando a fresa o a beige. Dejé la boca sin perfilar: tengo la mala costumbre de olvidar el delineador de labios, y los míos son tan finos que necesitan un realce con un lápiz nude como el Spice de Mac, por ejemplo. Pero siempre lo olvido...

Por vez primera me atreví a delinear las pestañas inferiores y a juntar el trazo en las esquinas del ojo. Usé la sombra Sumptuose olive de Mac, un verde oliva dorado muy luminoso en el párpado móvil, y oscurecí la esquina externa y la banana con la mítica Club, color ala de mosca. Mojé en ella la brocha Smudge, de Sephora, para trazar una línea gruesa en el párpado inferior e incluso emborronarlo y conseguir un ojo ahumado, pero limpiando muy bien la zona de la ojera con un punto de corrector mezclado con crema hidratante.

Así salí de mi casa, dispuesta a la aventura. El alcázar sevillano tiene una luz especial, no me extraña que enamorase a Joaquín Sorolla. Y en esa mañana encantada la luz nacía de la mirada del fotógrafo.

20 de mayo de 2010

Somos lo que nos untamos en la piel

Estuve en el Mercado Medieval de Sevilla, un año más.
Adoro la oscura Edad Media, las catedrales llenas de luz, el canto gregoriano, las vidrieras, la alquimia. Había un hombre vestido de espadachín que vendía cremas artesanas de aloe vera. En el puesto estaban amontonados grandes trozos de jabón blanco con motas oscuras, y tarros de vidrio que olían a plantas y a miel.

Me encantan los productos con ingredientes naturales, reconocidos desde antiguo por sus efectos balsámicos. Siempre hay quien nos recuerda, desde foros y revistas, que natural natural no hay nada, y que si abres una manzana por la mitad y la dejas en la despensa, se oxida en pocos minutos.
Vale, asumo el riesgo de los conservantes más o menos declarados, pero aún así me alucinan las lociones con florecillas de lavanda y aceites esenciales, las infusiones con aroma campesino y esas destilaciones de plantas misteriosas que dejan en la piel un letrero luminoso. Un letrero que dice a gritos, "no uso alcohol, no uso aceites químicos, no uso petróleo y por eso estoy sana, sana y sana." Disfruto untándome en la cara emplastos de aloe vera, camomila o rosas búlgaras, y huyo conciienzudamente del alcohol y del petrolatum. Últimamente han surgido muchas líneas naturales en la farmacia y en los herbolarios, incluso en la perfumería. Los productos de Carla de Bulgaria, Taj Sultana y Nueva Antiqua son prueba de ello. Están un escalón por delante de marcas como Lush y L´Occitane: son mucho más caseros y familiares, no son grandes emporios sino obra de una persona con un sueño por realizar y una materia prima excelente.




Aloeplant es una de esas iniciativas bucólicas que me ponen de buen humor. Venden hojas frescas de aloe vera y plantas que cultivan ellos mismos, en Alhama de Almería. Tienen un certificado de agricultura ecológica y venden aceite de oliva bío de su cosecha, aceite de jojoba puro y manteca de karité pura.
Les compré en el mercado medieval una crema de día libre de grasas con propiedades calmantes, reafirmantes y de prevención de primeras arrugas que me tiene enamorada. El invento me costó nueve euros y realmente hace magia en la piel. Sus ingredientes son: setenta por ciento de aloe vera, cera de jojoba, miel, aceite de geranio, cera candelilla y aceite de lavanda fina. No me digáis que no son activos atractivos.

El producto huele a campo: se aprecia un ligero perfume de miel sobre la nota verde tan característica del aloe vera. El cannabis, hum, se debe notar desde la primera vez, porque cuando te aplicas este mejunje en la cara limpita, antes de irte a dormir, comienzas a sentirte bieeeen.
Eso sí, el efecto reafirmante también se percibe: yo nunca había utilizado cremas antiaging y me ha asombrado la sensación un poco tirante de la piel durante los primeros diez minutos. Lo sorprendente es que esta tirantez no tiene nada que ver con las alergias ni las reacciones, que brillan por su ausencia, sino con un efecto despertador, tensor. Por las mañanas me levanto con la piel lisa, suave, hidratada y sin una sola rojez. También es perfecta para relajar y afinar el contorno de ojos.

  La experiencia ha sido tan buena que ya tengo varios nombres de esta casa apuntados en mi libro rojo de deseos: me apetece muchísimo probar el sérum para el contorno de ojos a base de aloe vera, manteca de karité y aceites esenciales de tilo, jazmín y granada; de hecho estuve a punto de llevármelo a casa, ¡pero lo cambié por un libro! También me apetece trillones una mascarilla de aloe vera para el cabello que trata problemas como caspa, dermatitis o picores y que parece llevar mi nombre impreso en el dorso del envase, junto a la fecha de caducidad.

17 de mayo de 2010

Básicos del verano que están de moda... o no.

Ya dije una vez aquí que soy un poco rebelde a los dictados de la moda; que no mato por el colorete it del momento y que no me gusta el fenómeno "edición limitada": todas corriendo como locas a por un brillo de labios negro que en el próximo invierno nos parecerá horrible. En estos casos, mi madre tiene una teoría genial: si el color o la prenda que causan furor le horroriza, afirma rotundamente: "hasta el último hortera lo va a llevar"... Y, si le gusta: "¡uy, qué estiloso!" Porque, a veces, en un momento mágico como de pompa de jabón, lo que está de moda coincide con lo que nuestro corazón desea.

Eso es lo que ha sucedido con la nueva colección de Mac, llamada To the Beach. Ya cuando Isabel, de Arrebatadora, nos tentó con el caballito de mar supe que estábamos frente a la édición limitada más coqueta del año, lanzada además por una de mis firmas favoritas. Hoy, que la he visto con mis propios ojos, puedo decir que tiene productos veraniegos y al mismo tiempo, intemporales. Este es el secreto, la clave de cualquier compra de un producto "EL": ¿Lo vas a usar durante tooooodo el verano? ¿Cuando llegue el verano del año dos mil once lo utilizarás? Entonces no lo pienses más: cierra los ojos, abre el monedero y... Creo que es absolutamente necesario afrontar el verano, cualquier verano, con cuatro productos en el neceser: un colorete frambuesa, un iluminador, una barra de labios en tono bronce y un par de sombras en colores vitamínicos: verde lima, azul agua... Y esto, repito, no hoy que es tendencia, sino siempre. Así que la colección To the beach te ofrece el glamour necesario, envuelto en un packaging de ensueño.

Comenzaremos por las mejillas. El iluminador Marine life, (Vida marina: el que lleva la efigie de un caballito de mar grabada en la polvera), es más un rubor que unos polvos iluminadores. Tiene una parte casi fucsia, otra bronce y otra coral: el shimmer bronce desaparece muy pronto y lo que queda es un colorete vivo, muy alegre. La mezcla de coral y fucsia da como resultado un rosa ácido y vibrante. Para realzar la sien y la parte superior del pómulo, no hay nada como el Lustredrop en tono Pink Rebel. Lo he probado en el dorso de la mano, como el resto de los productos, y aporta una luz tornasolada, metálica, dorada y rosa, de atardecer. Aunque aún más veraniego es el tono Sun Rush: melocotón dorado, también con tornasol. Y, para completar el look naranja-rosado no hay nada mejor que el esmalte de uñas Tart deco, de Essie, que por cierto, es el que llevaba en la presentación de mi libro (algunas me lo habéis preguntado.)

De los labiales, es absolutamente básica la barra de labios Thrills. Realmente este melocotón veraniego me tiene emocionada. Es cremoso, hidratante y de acabado metálico. El color es un bronce cremoso, dulce, con destellos de melocotón y subtonos de cacao cobrizo. Sublima la piel bronceada y alegra la piel pálida. Casi todas las sombras de ojos de la colección vienen en textura Veluxe perl, mi favorita: sedosa, duradera, fácil de trabajar incluso con los dedos. Hay un azul agua casi turquesa con brillo precioso, un verde lima magnético y un coral algo difícil. Hay un melocotón claro mate que no recomiendo, a pesar de lo bonito quen es, porque pigmenta poco, y por último tenemos el mítico Humid, color árbol de navidad, que es un clásico y si no lo tienes aún puedes conseguirlo en este formato tan increíblemente coqueto. Yo no me he llevado nada a casa... pero me pregunto por cuánto tiempo resistiré, ahora y siempre, al invasor.

15 de mayo de 2010

Se ve pero no se toca...

Hay días en que somos buenas y días en que somos malvadas. Días en que resistimos la tentación estoicamente y días en los que no aguantamos ni dos minutos.

Yo ahora estoy inmersa en un periodo de austeridad. Algunas lo llaman clínica de dexintoxicación, yo prefiero llamarlo sobriedad. La sobriedad es muy buena para el alma: la nutre, la calma y la descongestiona. Pero es una rutina muy difícil que suele dar muchísima pereza.

Comencé esta cura hace dos semanas, y la cosa iba realmente bien, si descontamos una crema artesana de aloe vera, miel, geranio y cannabis de Aloeplant que compré en el mercado medieval y de la que hablaré pronto. Todo iba bastante bien, pero el jueves tuve que entrar en el Sephora de la calle Sierpes, bordeando el peligro... Sí, ya sé qué estaréis pensando, pero realmente tuve que hacerlo. Iba a cenar con unos amigos de mis padres en un restaurante plín y por una vez en la vida no iba pintada y en el mini bolso llevaba sólo un brillo de labios, el Lollipop de Nyx que me chifla. Pensé, me paso por el expositor de Benefit y me doy un par de brochazos en la cara y una sombra oscura en los ojos.

Al entrar, un chico me anunció que estaban celebrando la fiesta Prestige y que todo estaba al 20%. Había un ambientillo fantástico de alfombra roja, con música, focos y maquilladores en acción, y camareros que ofrecían bandejas de cocacolas y unas bebidas rojas que bien podían ser Martinis. Me maquillé a mí misma con mis deditos rogando que no viniera nadie a hacerme caso, y usé cuatro productos de Benefit que en el acto fueron a engrosar mi libro rojo de deseos.

Porque cuando estuve en Madrid fui a Vinçon con Cantaloupe y Kitty, y las tres compramos una Moleskine roja chulísima y yo la uso para apuntar deseos cosméticos. Allí está la lista de perfumes que querría que me regalasen, un pedido de Elf que quiero hacer cuando termine mayo y toda una fila de futuros, dulces fantasmas.

Preparé el rostro con el maquillaje compacto Hello Flawless. Es la mejor base en polvo que he probado en mi vida, aunque para el verano me quedo con mi adorada polvera azul turquesa de Shiseido. Se trata de un producto sedoso, cubriente, aterciopelado y con spf 15, que nos da ese acabado "piel de melocotón" con el que tanto soñamos cuando llega la primavera.

Acto seguido me unté los mofletes con One hot Minute. Si Franc hubiera visto mi depurada técnica se hubiese desmayado, pero no me quedó nada mal, porque este novedoso bronceador en formato polvo suelto es una maravilla. Aporta alegría y calidez al rostro en un minuto... tórrido, como su nombre indica. Alterna un fino polvo de color rosa caramelo con espirales de shimmer dorado muy sutil y un pellizco de bronzer tradicional. Littlegingery ofreció aquí una review muy completa.
Ya con la cara preparada, repasé la línea de mis pestañas con el mítico lápiz negro Bag Gal. Me encanta trazar la raya del ojo con un lápiz grueso, del tamaño de los jumbos, y que el negro sea denso, intenso y cremoso pero no se derrita como el Smolder de Mac.
Y finalicé con un toque de Coralista en el párpado móvil y en los pómulos: es el único colorete de esta casa que merece la pena: un coral muy equilibrado en su subtono, tan rosa como melocotón, que huele además a chucherías. Ñam.

Bueno, pues no me llevé nada. Nada es nada. Salí de la tienda con una sensación chispeante en el cuerpo. De ligereza, de libertad. Supongo que, también, con la certeza de que algún día no muy lejano caeré de nuevo. Al llegar a casa, mi madre me había comprado algo de ropa en Esfera, y me estaba esperando un regalito de Kitty: el perfume Pure de DKNY, que me ha enviado por correo y que está abrigando estas mañanas raras de mayo, casi otoñales, con ese aroma limpio y almizclado. Para mí no sólo fueron un par de regalos, fue todo un Regalo. Algunas podrían llamarlo pura coincidencia, yo prefiero llamarlo Amor.

11 de mayo de 2010

Por fin... ¡un look! (De verdad de la buena)

Al fin he conseguido una imagen mía en la que salgo maquillada y el maquillaje se ve con bastante precisión, por lo que puedo ofreceros un look como Dios manda. Sacó la fotografía Toi del Junco, un profesional como la copa de un pino, durante la presentación de Las barbies.

LLevaba un vestido gris marengo de algodón satinado con un poco de brillo, es decir, cómodo y elegante, sobre unos leggins negros y zapatos de tacón de Nicolás en un tono rosa dorado cobrizo enloquecedor. Mi madre me prestó su abrigo "de hojas de otoño", en tonos miel y dorado pálido que adoro, y esa combinación de colores fríos y cálidos me permitió jugar con las sombras de ojos y mezclar el gris humo con el naranja pastel.

En el rostro me puse un toque de corrector Healthy mix de Bourjois en tono Medium (hace mucho tiempo descubrí que las correcciones deben hacerse en el mismo tono de tu piel, nunca en un tono más claro.) Este tubito ha sido todo un descubrimiento. Es libre de aceites pero muy cremoso, y tiene activos de frutas entre sus ingredientes. En segundo lugar, una pasada del maquillaje compacto en polvo con spf 30 de Shiseido. La polvera de color azul piscina te da un aspecto de piel de melocotón, sedosa y atercipelada, es cubriente y natural y muy duradera.

Contorneé suavemente las mejillas con los polvos de sol Laguna de Nars, que no son mates ni brillantes y aportan un color caramelo suave realmente atractivo a la piel. Realcé los pómulos con el colorete Luster de la misma casa, melocotón dorado y chispeante. Los apliqué con la brocha pequeña y redonda de L´Occitane, en sentido ascendente hacia la sien y luego en barrido redondo sobre las "manzanas" de las mejillas. Sobre la parte alta del pómulo y zona de la ojera difuminé una nube muy leve de polvos iluminadores Teint Hélène de L´Occitane.

En los labios, mi adorado gloss Lollipop de Nyx, qué delicia.

Y llegamos a los ojos. Para esa noche quise estrenar dos sombras baratas que me tienen completamente loca: apliqué Bad girl de la colección Cute as hell de Essence, un naranja pastel mate divino, en la cuenca del ojo y lo difuminé hacia el exterior, de modo que terminaba un poco antes del arco de la ceja. Y oscurecí el párpado móvil con la sombra nº14 de la colección permanente de Essence, "Irresistible". Por dos euros con cincuenta he encontrado el clon más logrado de mis dos sombras oscuras preferidas, tan bellas como difíciles de encontrar: diamond lil de Stila, o Smoke and diamonds de Mac.

En esta buenísima foto de Samantha podéis ver la sombra. Su calidad, por supuesto, es muy inferior a la de mis dos grandes favoritas... pero, con la ayuda de la prebase de Too Faced, el color sí es un auténtico clon.

No utilicé kohl, fiel a mi costumbre un poco surrealista de "si lápiz, no sombra y si sombra, no lápiz." En cambio marqué mis cejas rubias con un suave ceniza, Mistery de Mac, y mis pestañas rubias con el rímel False lashes effet, de Max Factor.

Este ha sido mi primer look en el blog, y creo que el último por ahora. No todos los días consigues que te fotografíe un mago...

9 de mayo de 2010

Toda mujer debería llevar en el bolso...

Al comenzar el mes de mayo descubrí la crema de día ideal para el verano, ese producto que encierra en un solo frasco todos, absolutamente todos los requisitos que una crema de día debe reunir: hidrata en profundidad pero la fórmula es ligera, libre de aceites y sin parabenos. Tiene un precio razonable, 25 euros en el Corte Inglés, pero al mismo tiempo derrocha glamour. Y lo más importante: ¡tiene fps 50+!

Se trata de la nueva Eight Hour Cream Sun Defense for Face de Elizabeth Arden, una versión mejorada, corregida y aumentada de la mítica 8 Horas de esta casa. Desde niña me fascina la imagen de Elizabeth Arden, ese mundo de ediciones vintage y polveras rectangulares en negro lacado. Mi tía Carmen me regaló una cuando atravesaba mi adolescencia y Amber Valletta llenaba a todo color la publicidad de la marca en las revistas. Ahora lo hace Catherine Zeta Jones, con su larga melena sedosa y negra, sus ojos color miel y sus envidiados labios maquillados siempre en cálidos bronces, rojos golosos y melocotones, es decir, mis tonos favoritos. Y me encanta. El rojo translúcido y chispeante que acaban de lanzar la casa para conmemorar su primer centenario es también "muy Catherine":

El rojo es insignia de la marca, símbolo de la puerta roja de sus salones de belleza. Ya nos deleitaron hace un año con una edición limitada de rouge cuyos beneficios se donarían a una ONG que lucha para mejorar la salud de las mujeres en todo el mundo. Entonces era un rojo fresa, vibrante, intenso y muy rico, que acabé regalando a mi amiga Merl: lo luce esplendorosa. El carmín que nos proponen ahora es aún más fácil y alegre, más afrutado y joven, mucho más translúcido y veteado de chispas doradas.

Otro de los "inolvidables" en esta casa son los perfumes: mi madre utilizó durante mucho tiempo Sunflowers, una colonia intensa, floral y afrutada que huele a sol, a calor. Quizás sea demasiado cálida para mí, pero sólo con intuirla acude a mi mente la película de todos estos años de risas compartidas con mi madre: las expediciones a los dutty frees de los aereopuertos, las salidas navideñas al centro de la ciudad... Y es que un buen perfume, como una buena música, dinamiza y comprime todos los recuerdos en una sola gota. Para llevarlo yo, me chifla el perfume de té verde, ligero y optimista pero con una nota de jazmín y un fondo de jabón verde muy limpio.

8 Hours Cream Sun Defense For Face ha sido todo un hallazgo. Aplicarme esta crema me pone de buen humor. Siento en todo el cuerpo una recarga de energías, un chute vitamínico similar al efecto producido por un buen zumo de naranjas recién hecho. Me encanta su textura, transparente y ligera, y lo hidratada que deja la piel: tanto, que puedo aplicar polvos encima sin que se descame, ¡un milagro cosmético! Me gusta incluso su olor, un aroma muy sutil como a miel y a lanolina. Hoy para salir por la mañana, a la calle llena de sol, me he embadurnado la cara con este soleado bote amarillo y me he regalado unos brochazos de polvos de sol Laguna de Nars, unos toques de sombra Woodwincked de Mac en los ojos y uno de esos trazos bronceados en el labio que tanto nos gustan a Catherine Zeta Jones y a mí.

8 de mayo de 2010

Entrada gamberra sobre champús y mascarillas (Lush al poder)

¿Qué pasa cuando sabes que necesitas ir a la peluquería pero no tienes ganas, no tienes pelas y no tienes tiempo? Para colmo, estás dejando que tu melena crezca, tus puntas están cuidadas y no quieres perder ni un dedo de longitud. Es una verdad universal que, digas lo que digas, saldrás del salón trasquilada, y se te presenta un panorama desolador que no te apatece rien de rien. Solución: en realidad no necesitas pasar por la peluquería, así que no vas. Pero... ¿qué pasa cuando tu cabello color miel, el antaño orgullo de tu abuela, está pidiendo a gritos un poco de alegría, unos encendidos reflejos rubios a lo Californian Way of Life? Entonces es el momento de cuidar tu pelo en casa con tratamientos profesionales, y lo confieso: eso es algo que hasta ahora yo no había hecho nunca. Siempre me he lavado el pelo con lo primero que he pillado a mano... el fairy no, pero champús de avena del todo a cien de mi calle, por ejemplo, yes. Harta de sufrir desilusiones con los pantenes y elvives de turno que son silicona pura, me agarré al champú de bebés de camomila de Johnson´s baby y juré como Escarlata O´Hara que no volvía a gastarme un céntimo en botes superferolíticos que dejaran mi pelo melífluo. Y entonces apareció en mi vida Lush: Sus jabones, sus mascarillas frescas, sus ingredientes artesanos... y sus tratamientos para el pelo silicone free. Cuando tenía el pelo corto me encantaba "Agua dulce", ¡me dejaba tirabuzones! Y durante un tiempo fui adicta a su acondicionador "Crema americana", aunque ahora sé que lo que me tenía tan fascinada era su aroma, ese olor a muñeca, a tocador de la abuela, a polvera vintage. Ahora Cantaloupe me envía dos productos que valen su peso en oro... multiplicado por dos: champú sólido La Rubia y Mascarilla Marylin. Ambos sirven para dar suavidad y brillo a los cabellos rubios..., y para aclararlos de modo natural y suave, ya que no contienen productos agresivos. Marylin es, más que una mascarilla, un producto de tratamiento pre lavado: se ha de aplicar sobre el pelo seco, repartiendo de raíz a puntas, y aguardar veinte minutos antes de mojar el pelo y enjabonarlo. Entre sus principios activos está la infusión de camomila, el aceite esencial de camomila, el azafrán, el zumo fresco de limón, el aceite esencial de limón y el aceite de oliva. Este último nutre e hidrata el pelo en profundidad, miientras que la camomila, el azafrán y el limón son potenciadores del brillo y de los reflejos. Una vez en la ducha, es el momento de usar la pastilla de La Rubia: es rectangular, amarilla y muy grande, y además cunde muchísimo. Hay que humedecerla y frotarla contra la cabeza también mojada: hace mucha espuma y lavas el pelo con esa espuma. La Rubia tiene los mismos ingredientes que Marylin, excepto el azafrán y el aceite de oliva, que no lleva. En su lugar, trae caléndula, flores de camomila y aceite de naranja dulce. Por fin, tras aclarar con agua fría, extiendes el acondicionador y vuelves a aclarar. Lista. Secando el cabello al aire libre y domándolo con peine de madera, lo que he notado yo es el pelo con cuerpo pero manejable, hidratado y brillante. Se han destacado unas mechas claras que tenía yo en los laterales y que ya apenas existían. Estoy muy satisfecha, volvería a comprar ambas cosas. Marylin me ha costado doce euros y La Rubia, ocho. En proporción, me parece muy barato el champú, que puede dar para cincuenta lavados, y bastante caro el tratamientos, que depende de la longitud de tu melena puede llegar a los seis o siete. Pero como tratamiento conjunto y personalizado para cabellos rubios me parece insuperable.

5 de mayo de 2010

Mi paseo tras un duro día de trabajo, trucos de belleza con... ¡Clarins!

En la tarde del lunes, tras un largo, cansado y feliz día de trabajo, decidí regalarme un largo paseo por las perfumerías del centro de la ciudad: Sephora, L´Occitane y El Corte Inglés del Duque.

Iba con la intención de ver pero no comprar, y me fue muy bien porque no compré nada, lo vi todo y aún sin comprar me dieron cuatro o cinco muestras de productos interesantes.
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En L´Occitane conseguí tres sobrecitos de la Créme ultra confort, a base de manteca de karité y algodón bío. Es una de las cremas-para-piel-sensible que quería probar.

Después me di una vuelta por Clarins. De esta marca adoro el embellecedor de labios en tono rosado, Eclat Minute Levres nº1, y sentía curiosidad por sus autobronceadores, sus paletas de cuatro sombras y la línea Douceur (yo, siempre fiel al gran objetivo de mi vida: ¡¡¡comparar cuidados para piel sensible!!!)
Me atendió una maquilladora profesional llamada Pilar que me enseñó los efectos tornasolados que tiene la delicada paleta de sombras Celestial sobre una línea de kohl negro. Es impresionante cón una simple línea de color negro y mate se convierte, en contacto con estas sombras celestiales, en un relámpago tornasolado.
 También me contó un truco muy bueno: ella seca sus pestañas, después de maquillarlas, con un golpe de aire frío de secador. Ese gesto las curva, las estiliza, las alarga y mantiene el acabado durante todo el día.

Pilar me dio un par de muestras del sérum reparador. Nunca he utilizado sérum y me está encantando: deja mi piel hidratadísima y suavísima, y tiene un olor a hierbas campestres de lo más natural (en eso me recuerda mucho a la muestra de Hidra calm de Ren que me envió en noviembre Patricia, de Elle est belle.)
LLegué a mi casa más felíz que una perdíz. Y aún tuve tiempo para dedicarme un zumbido mágico de agua de loto en el corner de Kenzoki.

1 de mayo de 2010

Belle de jour Mirada divina, de Kenzoki

He tardado más de un mes en hablar de este producto porque cuesta ya un buen dinero, y está pensado para una zona frágil, por lo que pensé que debería concederme tiempo y no hablar de él a la ligera. Siempre me ha dado muchísima pereza usar un contorno de ojos. Aún ignoro el por qué. No soy nada vaga para estas cosas, me fascina aplicarme crema en la cara por las noches. Me entusiasma el ritual de belleza nocturna, pero en esa rutina no incluía nunca el contorno de ojos. Por una parte, la naturaleza me ha bendecido con una ausencia total de ojeras y, hasta que no cumplí los treinta, no sentí el alarmante peligro de las patas de gallo. Por otro lado, tengo los ojos muy sensibles, supongo que para hacer el juego perfecto con el cutis. Mis ojos se enrojecen con la misma facilidad que mis mejillas. Las primeras cremas específicas que usé para esta zona me destrozaban los ojos, y eso que ponía empeño para adquirirlas en una farmacia: La Roche Posay, Vichy, Grisi. Picaban como demonios. Terminaba llorando como una loca y escudriñando mi cara en el espejo con el inútil afán de ver algo reducidas las dos fastidiosas rayitas que enmarcan mi mirada desde que éntré en la treintena. Pero no.

Hasta que llegó este delicado frasco blanco a mi vida. Digo por delante que cuesta 70 euros. Sí, 70. He hecho cuentas y equivale a dos cenas opíparas con uno o dos gin tonics después, no más, en dos fines de semana alternos. Invita a tus amigos a jugar al parchís en casa. Que cada uno traiga su especialidad, y tú puedes comprar rollitos de primavera en el chino y preparar guaamole. Al segundo lunes tendrás setenta hermosos euros en la hucha y podrás asaltar el corner de Kenzoki más cercano. Tus ojos gritarán de alegría, y no volverán a llorar de alergia. Desde la página oficial de Kenzo afirman que: "Belle de Jour mirada divina ofrece una burbuja de protección a la piel y la permite recobrar su funcionamiento natural, óptimo. Protege el contorno de los ojos de las agresiones diarias y le aporta una nueva vitalidad. La mirada se relaja, descansa. Serena. Las bolsas y ojeras se atenúan, el contorno de los ojos se ilumina. Para una mirada divina."

Lo que yo sentí fue, en primer lugar, una suavidad increíble y ni rastro de irritación. Viene acompañado de un pincel, por lo que no derrochaba producto como me sucedía en otras ocasiones. La textura es láctea, fluida y aterciopelada, con un ligero aroma de loto, su principal ingrediente, la joya escondida y ya no tan secreta de muchos tratamientos faciales japoneses. También contiene glicerina y aceite de mango, ambos muy hidratantes; vitamina E antioxidante; dióxido de titanio que protege la piel de la radiación solar, siliconas que suavizan, estracto de rusco calmante y minerales como el potasio y el sodio.

Pero Kenzoki no vende sólo evidencias científicas, sino que pretende el bienestar integral de la cliente. Pretende que el cuidado diario sea un pequeño momento de placer y belleza. Yo ya sabía lo que eso significaba gracias al baño blanco de loto, y más aún a la mascarilla de nube (me tengo que contener para no usarla a diario... digamos que la uso cuatro veces a la semana, osea, el doble de su uso normal. Pero es que no puedo evitarlo, y ahora que mi madre y yo nos hemos terminado el bote y llevo más de siete días sin mi dosis semanal vuelvo a sentir la piel enrojecida, ¡horreur!) Belle de Jour te hace sentir muy bien: relaja tu piel y tus sentidos. Convierte una obligación en un momento de magia, y por eso te devuelve por unos segundos a la niñez. Eso es lo que diferencia a las grandes firmas de cosméticas: no sólo venden eficacia, regalan un hechizo intemporal.

Me queda pendiente una entrada sobre Nars y otra sobre perfumes, pero os prometo que en los siguientes post hablaré de Garnier, Essence, Lush, Avon... ¡marcas un poco más accesibles!